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Lima, Jueves 9 de Setiembre de 2010
                                               
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Una inversión rentable: Ciencia para salir de la crisis
Columna de opinión en El Comercio
Columna de opinión de Benjamín Marticorena, vicerrector de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya, publicada el lunes 15 de junio en el diario El Comercio.

Por: Benjamín Marticorena

El Comercio / Opinión / Lunes 15 de junio del 2009

Vía El Comercio - Edición Impresa

En 1862, en medio de la devastadora guerra civil de Estados Unidos, el presidente Lincoln fundó la Academia Nacional de Ciencias (ANC) con el declarado fin de “reunir el combustible del interés económico y el fuego del ingenio para el descubrimiento de cosas nuevas y útiles”. Desde aquella ocasión, una vez al año, el presidente en funciones diserta en la ANC sobre política de ciencia y tecnología. El 27 de abril último lo hizo el presidente Obama con el mensaje de “restaurar el justo lugar de la ciencia” en la acción gubernativa.

Sin la grandilocuencia vacua de los llegados por accidente a la gestión pública, y con la coherencia que nace de sus certidumbres, Obama ha “…disentido de quienes señalan que en la actual coyuntura económica Estados Unidos no debe invertir en ciencia, porque apoyar la investigación es una forma de lujo en un momento definido por otras necesidades”. Debe reconocerse en Obama un liderazgo más bien raro al manifestar tal posición en medio de una grave recesión de la economía de su país y del mundo.

“Más que nunca antes, la ciencia es fundamental para nuestra prosperidad, seguridad, salud, ambiente y calidad de vida”, ha explicado Obama a los académicos y, desde ese podio, a su país. Por semejanza de juicio y por expresarse en circunstancias de crisis económica y social particularmente agudas, su mensaje recuerda al de Gandhi en 1949 promoviendo enfáticamente la investigación científica porque “la India es tan pobre que no puede permitirse no hacer ciencia”. Lo de Obama y lo de Ghandi es contrario a lo que proponen los voceros del corto plazo, empresarios y políticos estándar del mundo. Evoca también a Kennedy que, hace 45 años, en el mismo recinto de la ANC, alegó: “El desafío de la investigación científica puede representar nuestra salvación”.

Es pues una lección aprendida de la historia. Obama honra a Lincoln con la contundencia de las cifras presupuestales: la National Science Foundation (el Concytec más grande del mundo) tendrá en el 2009 un presupuesto doble que en el 2008, en un proceso deliberado para recuperar el nivel de inversión para la investigación científica, reducido a la mitad en los últimos 25 años. Obama se propone superar durante su gobierno, el 3% del PBI nacional asignado a la investigación y la innovación. Para lograrlo desarrollará “políticas para invertir en investigación básica y aplicada, crear nuevos incentivos para la innovación privada, promover alternativas nuevas para la energía y la medicina y mejorar la educación en matemática y ciencia”. En particular, el presupuesto acordado por decisión de política presupuestal permitirá triplicar el número de becas de investigación doctorales. 

Este aspecto del mensaje –el de las becas doctorales, íntimamente asociadas con los programas de investigación científica- nos trae a lugares más cercanos. Colombia y Chile, tomando como pretexto sus respectivos bicentenarios de independencia, han establecido ambiciosos programas públicos de becas a los jóvenes más talentosos, por estricta selección centralizada de méritos juzgados por tribunales académicos confiables, para realizar estudios doctorales con trabajos de investigación científica: 1.500 nuevas becas cada año. Y téngase en consideración que Argentina, México y Brasil tienen aun más ambiciosos programas de becas doctorales que los de Colombia y Chile.

 Mientras los países de economías similares a la nuestra pero con gobiernos más ilustrados invierten cuerda y prospectivamente en la formación de capacidades intelectuales con la intención de dialogar inteligentemente con el mundo, en el Perú se maltrata económica y normativamente a las instituciones de ciencia y tecnología en una muestra de profunda hostilidad al conocimiento. El psicoanálisis de esta conducta aportará sorprendentes y dolorosas explicaciones.

 La ciencia se promueve y practica para salir de todas las crisis, porque estas se originan en la incapacidad de la sociedad de comprenderse suficientemente a sí misma, de conocer el mundo natural en que medra y de interpretar acertadamente las relaciones de mutua dependencia entre sí y el entorno físico. Y son esos, precisamente, los conocimientos que la ciencia logra cuando el Estado y la sociedad la respaldan deliberadamente.

 

 

  

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