Realidad. Filósofo Gonzalo Gamio afirma que hay una especie de privilegio de las ventajas individuales. Afirma que la sociedad debe recuperar el sentido de la ética elemental. El Estado debe crear políticas, el ciudadano vigilar que se cumplan
Por Susana Mendoza Sheen
smendoza@editoraperu.com.pe
Cada día percibimos que se respetan menos las elementales normas de convivencia social, como las de tránsito, por ejemplo. Ante este panorama, dialogamos con Gonzalo Gamio Gehri, filósofo y profesor de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya, quien sostiene que existe la creencia de que el beneficio individual es superior al del bien común, lo cual es muy preocupante, pues sin el respeto a determinadas normas comunes, la vida no puede prosperar.
¿Si no se cumplen las normas de convivencia, hay un problema de ética?
–Sin duda. Un elemento fundamental de la ética es el tipo de reglas que garantizan la convivencia pacífica y razonable entre los miembros de una comunidad, que son fruto de un acuerdo. Si se vulneran, no obstante que hemos acordado obedecer, se falta a la ética.
¿Qué refleja el incumplimiento de las normas?
–Que hay desconfianza de estos acuerdos. Se supone que la Constitución y las leyes son la expresión de esos acuerdos, y las instituciones bajo las que vivimos son expresión de ellos también. Refleja que hay una pérdida del sentido de comunidad, que existe una especie de privilegio de las ventajas individuales sobre el bien común.
¿Hay desconfianza en los acuerdos o en quienes hacen los acuerdos?
–Son ambas cosas, aunque sin duda hay normas que son razonables, como las reglas de tránsito, que sirven para transitar de manera libre y saludable, y que son expresión del bien común.
Pero se transgreden a pesar del daño que causan...
–Sí, y la persona que lo hace se expone a ser dañado y dañar al otro a pesar de las sanciones que existen, porque muchas veces los castigos no fueron eficaces, no se hicieron efectivos o se utilizaron otras vías para no cumplir la sanción, como la corrupción a funcionarios.
¿Falta una “cultura de la norma”?
–Sí, nos falta una cultura del bien común.
¿Nuestra cultura andina no la propicia?
–Es difícil entender las causas de por qué no se extiende esa práctica, pues existe toda una cultura del individualismo que no solo se explica a través del capitalismo, sino también de esa viveza criolla, cuyas fuentes las encontramos en la novela picaresca. Creo que en determinados contextos no urbanos el bien común no está reñido con el bien individual.
¿A qué se refiere?
–A que los bienes individuales están contenidos o presupuestos en el bien común. En los sectores urbanos ha prosperado la creencia de que el bien común, que encarnan la ley y las instituciones, rivaliza con el bienestar individual, y que por esa razón uno le puede “sacar la vuelta a la norma”.
Y nuestro Estado aún no integra ambos bienestares...
–Así es, porque esa rivalidad entre el bien común y las ventajas individuales la podemos encontrar entre quienes legislan o los que dirigen la política pública.
¿Qué hacemos entonces?
–La sociedad tiene que recuperar un sentido de la ética elemental. Es fundamental que se reconozca que la vida social puede encontrar un tipo de salud y libertad si se respetan las normas que construimos juntos, las que están en nuestra Constitución y las leyes, y que en principio son las que representan nuestros acuerdos. Creo que también hay que recuperar el sentido de pertenencia a las instituciones.
¿Involucrarnos en ellas?
–Nosotros actuamos como si fuéramos espectadores de lo que acontece en nuestras instituciones. La confusión entre Gobierno y Estado es una confusión grave desde el punto de vista de la cultura política. Somos parte del Estado, por eso somos ciudadanos. Aristóteles lo decía: ciudadano es aquel que a la vez gobierna y es gobernado.
¿Quién tiene que dar el primer paso para integrar el interés común y el individual?
–Por un lado, el Estado debe actuar creando políticas; y por otro, tiene que haber ciudadanos que vigilen que se cumplan. Se necesitan de ambos lados, pero probablemente el primer paso lo tenga que dar la ciudadanía.
Primer paso a qué...
–A la construcción de la decencia política y la cultura de la vigilancia. Lo tiene que hacer la ciudadanía, y no estoy hablando de los medios de comunicación que casi siempre desplazan el centro de atención a temas policiales o del espectáculo, y no exploran en noticias que afirmen nuestro sentido de comunidad.
A quién se refiere...
–A los gobiernos locales, donde la participación ciudadana es positiva, y a las instituciones de la sociedad civil como las universidades, colegios profesionales, comunidades religiosas u ONG porque muchos ciudadanos aún no toman en cuenta las exigencias de las normas básicas, tienen un sentido muy pobre del bien común y prefieren lograr ventajas individuales.
Ficha - Perfil
Gonzalo Gamio Gehri es autor de Tiempo de memoria, Racionalidad y conflicto ético, Democracia, sociedad civil y solidaridad.








