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Entrevistas 10 DE OCTUBRE DEL 2017

[Entrevista] “Si queremos que el Perú crezca, necesitamos una inversión fuerte en educación”

El P. Ernesto Cavassa, SJ, rector de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya y presidente de la Asociación de Universidades confiadas a la Compañía de Jesús en América Latina (Ausjal), fue entrevistado por la Revista Intercambio sobre lo que identifica a las universidades jesuitas y sobre cómo fue el proceso de licenciamiento institucional obtenido por la Ruiz de Montoya. Además, compartió su opinión sobre los desafíos de la educación universitaria en el Perú.

¿Cuál sería la diferencia más resaltante entre estas universidades jesuitas y el resto de universidades?

Básicamente, el hilo conductor está dado por fe y justicia, esa vinculación particular de una fe que opera la justicia, que hace justicia en las diversas realidades y que se entiende de diversos modos. En algunos lugares se entiende en la lucha anticorrupción por una sociedad más ética, o en la preocupación por el desarrollo sostenible, en la perspectiva de lo que el Papa formula en la “Laudato Si’”. Ese tipo de orientación es muy propio de las universidades de la Compañía de Jesús, nos diferencia claramente de lo que es el conjunto de otras asociaciones.

Son, además, universidades interesadas en la educación por sí misma, que consideran la educación un bien social, no un bien privado del cual aprovecharse para poder sacar renta, lo que muchas veces caracteriza a las corporaciones educativas a nivel universitario.

En estos tiempos que estamos viviendo, no solamente en el país sino en el mundo entero, ¿qué formación cree que se debe priorizar en las universidades?

Una formación integral para la ciudadanía.

Las universidades se venden como formadoras de profesionales competentes, y para nosotros es muy importante la competencia profesional, egresados capaces de entrar al mercado y demostrar que pueden rendir profesionalmente, pero esa es una de las cuatro “C”.

Para la formación de las universidades jesuitas, además de la C de “Competencia profesional”, está la C de “Conciencia crítica”, egresados capaces de hacer análisis crítico de su propia sociedad; está la C de “Compromiso”, egresados comprometidos con la transformación de sus propias sociedades, y la C de la “Compasión”, egresados que sean capaces de compadecerse con la situación de los más débiles dentro de la sociedad.

A esas cuatro C yo le añadiría la de “Ciudadanía”, la que comprende las otras cuatro y, por lo tanto, es una ciudadanía integral.

El P. Kolvenbach nos decía que la calidad de la universidad se verificaba en sus egresados, en dónde están, qué están haciendo en la sociedad. Eso es lo que realmente verifica si son de una universidad de la Compañía o no. Si estos egresados son agentes de cambio social donde están, realmente llevarán adelante eso que le hemos intentado imprimir a lo largo de 5 años.

La Compañía de Jesús tiene una reconocida tradición formativa, ¿cómo se plasma esto en la universidad?

Para comenzar, las carreras están articuladas con dos años de formación humanística y tres de especialidad, a diferencia del común de universidades. Estos dos años previos son muy importantes para la formación integral de los muchachos.

Todos los estudiantes tienen que seguir algunos cursos obligatorios de ética y ciudadanía, de filosofía y teología, de arte y literatura, así intentamos asegurar que saquen algo básico de este aspecto que los va formar como persona. La idea es que, desde los primeros años, tengan inquietud por la investigación, un pensamiento crítico, tratar de buscar la explicación más profunda, ver el problema desde diversos ángulos.

“Utilitas, humanitas, iustitia y fides” (utilidad, humanidad, justicia y fe) son cuatro principios en que se fundamenta la educación universitaria jesuita.

También es muy importante para la universidad las tutorías. Todos los muchachos tienen, a lo largo de su formación, sobre todo los dos primeros años, el acompañamiento de un tutor, para que puedan explotar y potenciar sus valores y capacidades personales. Adicionalmente tienen prácticas pedagógicas, como las “Sabatinas”, donde ellos muestran, a través de una representación teatral, lo que han ido aprendiendo a lo largo de un semestre, de tal manera que el entrenamiento académico no sea solamente cerebro, también gesto, cuerpo, eso es muy propio de la formación nuestra.

La entrevista completa en Revista Intercambio N.° 39.