En todas las casas de estudio, la clausura del año académico es un momento de sentimientos mezclados. Se entrelazan alegría por el año acabado y tristeza por tener que separarse de amigos y amigas; satisfacción por todo lo logrado, pero también descontento para con todo aquello que nos habíamos propuesto y que no pudimos cumplir. Asumamos pues las ambigüedades de nuestra vida y no caigamos en la tentación de quién, no soportando ninguna arruga en su semblante, se sitúa delante del espejo, y estirándose cual un gallo, intercambia miradas de admiración con su imagen.
Empezaré por el primer deber que me toca, el de agradecimiento. Quiero agradecer al Padre Provincial que preside por última vez esta ceremonia. A lo largo de su gestión no sólo nos ha testimoniado su confianza, de muchas formas, a mí y a todas las personas que me acompañan en la responsabilidad, sino que ha tomado decisiones audaces que han definido el nuevo rumbo de la UARM.
Quiero agradecer a Monseñor Bambaren y a todos los miembros del Patronato que nos acompañan con su confianza ellos también desde los inicios, y respaldan las gestiones importantes que tenemos que hacer. Quiero agradecer a todos las personas e instituciones cuyas ayudas económicas han permitido a nuestra universidad cumplir con las becas que ofrece y con sus proyecciones institucionales. Mi agradecimiento va también a los padres de familia, a los formadores/as que confían en nosotros para la formación de sus jóvenes; mi agradecimiento evidentemente también para todos los docentes y administrativos de la universidad que aportan, todas y todos, sus competencias y su decidido compromiso con nuestra universidad. En fin quiero agradecer la presencia de los estudiantes de Virginia que nos han acompañado a lo largo del año y que están dando a nuestra universidad un toque de internacionalización que favorece a nuestros propios alumnos...
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