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Posgrado 27 DE AGOSTO DEL 2020

[Artículo] Liz Puma: Una sociedad solidaria

Liz Puma
Socióloga. Coordinadora del Diplomado en transformación de conflictos sociales en la Universidad Antonio Ruíz de Montoya

      

En marzo fue reportado el primer caso de la COVID-19 en el Perú. Desde esa fecha las cifras han ido en ascenso, con un incremento acelerado de personas contagiadas y un número dramático de fallecidos. El virus ha ido expandiéndose hasta los rincones más alejados de nuestro país develando a su paso los grandes desafíos en materia de gestión de nuestras instituciones públicas.  

Frente al avance de la pandemia y la necesidad de potenciar la respuesta estatal han surgido importantes muestras de solidaridad. Iniciativas tanto individuales, como colectivas, desde la sociedad civil y del sector privado. Solidaridad entendida como un sentimiento, pero también una actitud que puede expresarse a través de numerosas y distintas prácticas sociales.

Un ejemplo lo tenemos frente a la necesidad de oxígeno, recurso escaso, encarecido e imprescindible para hacer frente al virus. De pronto aparecieron emprendimientos y campañas para recolectar fondos para la compra de plantas de oxígeno y otros implementos sanitarios necesarios. Este virus no solo está dejando dolor y sufrimiento en su camino, también está dejando importantes lecciones que no debemos perder de vista. Iniciativas que necesitan apoyo y ameritan ser replicadas, justamente una de ellas, es la que busco hacer visible en esta nota.  

La campaña emprendida en la provincia de La Convención, departamento del Cusco, para adquirir una planta generadora de oxígeno, fue realidad en dos meses, tiempo en el cual recaudaron US$235,200, adelantándose a escenarios críticos que ya se vivían en otras zonas del país. Ello fue posible por una serie de factores, entre ellos, la identificación temprana de una potencial afectación ante el incremento de casos a nivel regional y el reconocimiento de las limitaciones del sistema de salud local;  la tradición organizativa y la experiencia de sus organizaciones sociales de base coordinando acciones; el reconocimiento y confianza en una institución como la Iglesia católica; el liderazgo de la asociación de profesionales, que junto a autoridades municipales, agricultores, empresarios locales,  asumieron los costos de la campaña. A ello se sumó el lema, “QuéNoNosFalteNadie La Convención en defensa de la vida”, que atrajo el apoyo de la población para sostener la iniciativa y ayudó a legitimar la acción social emprendida.

Ahora que nos encontramos en un escenario de grandes retos económicos, de salud y sociales, derivados de la pandemia, es necesario alentar este tipo de iniciativas de solidaridad expresadas a través de distintas prácticas sociales a nivel de base. Para ello, es importante identificar en cada uno de los territorios el tejido social existente, la base organizativa, y apelar a ellos. Necesitamos seguir sumando múltiples esfuerzos para contrarrestar los impactos de la pandemia y ello, lo estamos viendo. 

Artículo publicado en el Diario Oficial El Peruano el 27/08/2020