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8 agosto, 2018

Cardenal Pedro Barreto reflexiona sobre la espiritualidad ignaciana y la lucha contra la corrupción

Monseñor Pedro Barreto, SJ, cardenal de la Iglesia católica (fotos: Jesuitas del Perú)

“Ante la corrupción no podemos callar porque nos convertimos en cómplices; no basta expresar la indignación mediante la protesta; estamos llamados a presentar propuestas de acción que incluyan la participación activa de todos los ciudadanos”, así lo expresó el monseñor Pedro Barreto, SJ, cardenal de la Iglesia católica, en su homilía en la Iglesia San Pedro de Lima, durante la celebración de la eucaristía con motivo de la fiesta de San Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús. En el marco de los 450 años de la llegada de los Jesuitas en el Perú reflexionó sobre el trabajo realizado por generaciones anteriores vinculado a defender las cultural, la historia, la justicia y la dignidad. Herencia que emociona y compromete.

La celebración litúrgica fue presidida por el cardenal Pedro Barreto, SJ, arzobispo metropolitano de Huancayo y primer vicepresidente de la Conferencia Episcopal Peruana, quien se presentó oficialmente en Lima, luego de ser creado Cardenal de la Iglesia católica el pasado 28 de junio en la Ciudad del Vaticano. Consideró como una providencia de Dios que haya recibido el encargo de tomar posesión de la Parroquia “san Pedro y san Pablo” en la Vía Ostiense en Roma, ya que su vida siempre ha estado ligada a estos dos grandes apóstoles y fue, precisamente, en la Iglesia de san Pedro y san Pablo donde conoció a la Compañía de Jesús e inició su compromiso eclesial desde la espiritualidad ignaciana.

Explicó que el punto de referencia constante del pasado, presente y futuro de la Compañía de Jesús es san Ignacio de Loyola porque él vivió en un contexto histórico plagado de corrupción, dentro y fuera de la Iglesia. Destacó tres de sus enseñanzas:  Escuchar a Dios en el grito de los pobres y de la naturaleza, nuestra casa común; discernir para “elegir la vida y el bien, amando al Señor…, escuchando su voz, acercándonos a él (que) es nuestra vida” (Deut. 30, 15ss) y actuar, con firmeza y decisión, para poner en práctica lo que a Dios le agrada: “practicar la justicia, amar con ternura y caminar humildemente con el Señor” (Miq. 6,8)

El monseñor Pedro Barreto hizo hincapié en que Ignacio, sin falsa humildad, llamaba a su orden “la mínima Compañía de Jesús” y quería que el “sentir en la Iglesia” se exprese en colaborar con todos y hacer que la Iglesia avance en su proceso de reforma, bajo la guía del Vicario de Cristo en la tierra y hoy el papa Francisco nos dice que: “la corrupción es un proceso de destrucción que nutre la cultura de muerte porque el afán de poder y de tener no tiene límites”, entonces he ahí la gran tarea para las instituciones jesuitas y los peruanos en general para construir la paz. “La corrupción no se combate con el silencio. Debemos denunciar sus males, comprenderla para poder mostrar la voluntad de hacer valer la misericordia sobre la mezquindad”, señaló.

La celebración contó con la presencia del presidente de la República, Martín Vizcarra Cornejo y su esposa, Maribel Diaz Cabello, así como del cardenal Juan Luis Cipriani, arzobispo de Lima; el Mons. Nicola Girasoli, nuncio apostólico de Su Santidad; el Mons. Miguel Cabrejos, presidente de la Conferencia Episcopal Peruana y arzobispo metropolitano de Trujillo; el Mons. Robert Prevost, segundo vicepresidente de la Conferencia Episcopal Peruana y obispo de Chiclayo y el Mons. Norberto Strotmann, secretario general de la Conferencia Episcopal Peruana y obispo de Chosica; el Mons. Ángel Simón, obispo de Chimbote; el Mons. Luis Bambarén. SJ, obispo emérito de Chimbote; el padre Juan Carlos Morante, superior provincial de la Compañía de Jesús en el Perú; así como del padre Enrique Rodríguez, SJ, párroco de San Pedro y sacerdotes jesuitas, diocesanos y de otras instituciones religiosas.

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