[Artículo RPP] Alonso Cárdenas: El debate Butler-Fraser y Alice Weidel: ¿Hasta dónde llega el reconocimiento? »
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10 septiembre, 2026

[Artículo RPP] Alonso Cárdenas: La polémica Butler-Fraser a la luz del ascenso de AfD

¿Puede una sociedad reconocer determinadas formas de diversidad sin transformar sus estructuras fundamentales? El ascenso de Alternativa para Alemania (AfD) y la figura de Alice Weidel ofrecen un caso inesperado para volver al debate entre Butler y Fraser. 

Hace unas semanas leí en este mismo espacio de RPP, la columna de mi colega Ricardo Falla dedicada a Nancy Fraser. Dicho texto me llevó a revisar nuevamente una polémica intelectual de fines de los años noventa: el intercambio entre Fraser y Judith Butler sobre capitalismo, discriminación sexual, redistribución y reconocimiento. 

Simplificando una discusión bastante más compleja, Butler cuestionaba la separación entre las injusticias económicas y aquellas consideradas culturales o vinculadas al reconocimiento. Las normas sobre sexualidad, género y familia no serían simplemente elementos culturales superpuestos a una estructura económica, sino que estarían estrechamente vinculadas con la reproducción del propio orden social y económico. 

Fraser respondió en 1998 con Heterosexismo, falta de reconocimiento y capitalismo. Su argumento no consistía en negar la gravedad de la discriminación sexual ni de la norma social que privilegia a la heterosexualidad. Por el contrario, sostenía que estas formas de subordinación constituyen una profunda injusticia. Pero proponía distinguir analíticamente sus mecanismos. Algunas injusticias se originan principalmente en la estructura económica y requieren redistribución; otras se encuentran fundamentalmente en patrones institucionalizados de estatus y requieren reconocimiento. Ambas dimensiones pueden relacionarse y producir efectos materiales, pero una no necesariamente puede reducirse a la otra. 

La pregunta que me surgió al releer aquella discusión fue bastante simple: ¿cómo se vería esta controversia aplicada a un caso político contemporáneo? 

El extraordinario resultado obtenido este domingo por Alternativa para Alemania (AfD) en las elecciones regionales de Sajonia-Anhalt ofrece un ejemplo provocador, tal vez. AfD obtuvo 43,8 % de los votos, más del doble que la gobernante CDU, aunque quedó a tres escaños de la mayoría absoluta. Es, hasta ahora, el mayor éxito electoral de la AfD. 

Una de las dos copresidentas nacionales de dicho partido es Alice Weidel. Y aquí aparece  la aparente primera paradoja: Weidel es lesbiana, vive con su pareja y ambas tienen dos hijos. Al mismo tiempo, dirige una fuerza política ultra nacionalista y socialmente conservadora que reivindica a la familia tradicional como modelo y mantiene posiciones particularmente restrictivas sobre inmigración, diversidad sexual y políticas de género. 

La segunda paradoja es incluso mayor. La pareja de Weidel, Sarah Bossard, es nacida en Sri Lanka y criada en Suiza. El caso cruza así sexualidad, origen étnico, nacionalidad y clase, recordándonos que ninguna de estas dimensiones determina automáticamente una posición política. Quizá la cuestión no sea simplemente qué identidades acepta una sociedad, sino qué combinaciones puede incorporar sin alterar sustancialmente sus estructuras e instituciones. 

La propia Weidel ha abordado públicamente esta aparente contradicción. Ha defendido la igualdad de las relaciones homosexuales, pero sostiene simultáneamente que no existe incompatibilidad entre su vida personal y que su partido promueva a la familia tradicional y tenga posturas tan duras contra la migración. 

¿Qué dirían Fraser y Butler? 

El caso parece otorgarle inicialmente una considerable fuerza al argumento de Fraser. Una sociedad capitalista puede ampliar de manera significativa el reconocimiento de la homosexualidad sin modificar por ello las estructuras fundamentales del capitalismo. Más aún: una mujer lesbiana puede alcanzar la cúspide de un partido de derecha radical sin que su orientación sexual determine necesariamente sus posiciones económicas, migratorias o nacionales. Reconocimiento, redistribución e identidad política poseen, por tanto, importantes grados de autonomía. 

Sin embargo, Butler también tiene un contraargumento poderoso. Quizá lo ocurrido no demuestra la desaparición de la norma, sino su capacidad para ampliar selectivamente sus fronteras. Determinadas formas de diversidad pueden ser incorporadas con relativa facilidad: una pareja estable, con hijos y que reproduce una estructura familiar tradicional. Otras identidades, dígase por ejemplo trans, intersexuales, queer o expresiones que cuestionan más radicalmente las categorías tradicionales de sexo, género y familia, encuentran resistencias mucho mayores. 

El capitalismo, desde esta perspectiva, no necesariamente elimina las normas sociales: puede aprender a convivir con algunas diferencias mientras continúa excluyendo otras. 

Y quizás sea precisamente ahí donde el viejo debate entre Fraser y Butler mantiene toda su vigencia. Fraser nos permite comprender que no toda forma de subordinación tiene necesariamente la misma causa y que reconocimiento y redistribución no deben confundirse. Butler nos obliga, a su vez, a preguntarnos quién puede ingresar a la “normalidad” y bajo qué condiciones. El caso de Alice Weidel no resuelve una controversia que lleva casi treinta años. Pero sí plantea una pregunta que merece una investigación mucho más profunda: ¿qué formas de diversidad pueden ser absorbidas por nuestras sociedades sin transformar sus estructuras fundamentales y cuáles continúan siendo consideradas demasiado disruptivas? 

A manera de conclusión, no es que las identidades no importen en política, sino que importa muchísimo cuáles y en qué combinación. Y esa es una reflexión que se entiende mejor reestudiando los debates clásicos, como el de Fraser y Butler. 

Lea la columna de Alonso Cárdenas, docente de la carrera de Ciencia Política UARM, en Rpp.pe 

Sobre el autor:

Alonso Cárdenas

Docente de la carrera de Ciencia Política de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya

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