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Posgrado 11 DE MAYO DEL 2017

[Artículo] Una reconstrucción en clave política para el Perú

  

Santiago Mariani
Coordinador de la Maestría en Ciencia Política de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya

 

         El Congreso peruano ha aprobado la Ley de Reconstrucción con Cambios que tiene por objetivo brindar el marco propicio del proceso de reconstrucción que el Perú necesita luego de los destrozos materiales y el costo en vidas humanas que ocasionó la falta de previsión ante El Niño costero, un fenómeno que afectó principalmente a la costa norte del Perú pero que puso de relieve el nivel de precariedad y desprotección en el que se encuentra el interior del país. Como segundo paso en esta respuesta, un esfuerzo que está siendo orquestado entre dos de los poderes del Estado, el Ejecutivo anunció recientemente la designación de la persona que se encargará de liderar el proceso.

El anuncio de estas noticias cosechó rápidamente aplausos y elogios para el gobierno desde distintos referentes del sector empresarial junto con los gobernadores de las regiones que forman parte del eje de prioridades de la reconstrucción. Las alabanzas vinieron sin embargo cargadas de un mismo tono. El gobernador de una de esas regiones manifestó que la reconstrucción “será eminentemente técnica, despojada de cualquier tinte político”, algo similar a lo que expresó el referente de una cámara empresarial al enfatizar la necesidad de tener “un gestor de peso y no un político”, en referencia a la persona encargada de liderar este proceso de reconstrucción.

¿Pero qué tipo de “reconstrucción” necesita el Perú y que objetivo central debería lograr? ¿Alcanzaría con realizar una fuerte inversión que reconstruya puentes y levante las casas que fueron arrasadas por el lodo? ¿Se trata solamente de infraestructura que sea provista bajo una mirada “técnica”? ¿Qué rol debería jugar la política en estos asuntos que supuestamente no le conciernen?

La respuesta a estas cruciales preguntas parecería girar más cerca de lo político que de lo técnico y probablemente en torno a aquello que el Perú tiene pendiente y que sus ciudadandos demandan,esto es,una reconstrucción en clave política. La explicación de esta premisa requiere realizar un breve repaso de la historia politica de las últimas décadas.

A finales de los años ochenta del siglo pasado el impacto de la crisis económica fue tan profundo que dejó a la clase política y a las instituciones con un nivel de desprestigio muy alto ante la ciudadanía. En esa coyuntura se abrió un espacio para que alguien que no estuviera identificado con los partidos políticos ocupara la escena. Fujimori fue ese hombre que no estaba “contaminado” y que obtuvo rápidamente un apoyo ciudadano masivo que lo llevó, aún sin tener un partido organizado,  hasta la presidencia del Perú. El programa que puso en marcha constaba de: “posta médica, caminos y escuela”. El mismo presidente, que entraba a cada pueblo para anunciar estas prioridades, generó con su presencia un efecto de conexión con muchos de aquellos que habían sido históricamente postergados por las elites peruanas. El “gesto político” le alcanzó para construir la base electoral de sustento –un nucleo duro que hasta hoy le brinda votos a este espacio político- pero estructuralmente el problema de fondo siguió sin solución porque el programa venía con pecado concebido. No había un proyecto orientado a transformar la situación a partir de una mirada de derechos asegurados imparcialmente desde el Estado sino un intento de construir una hegemonía política excluyente, de raigambre autoritaria en el plano político acompañada de una liberalización sin contrapesos ni controles en el plano económico. El apoyo comenzó a flaquear a partir de 1997 con el cambio en el ciclo económico y la implosión se produjo finalmente con los escándalos vinculados a la corrupción que estaba enquistada en el más alto nivel.

El colapso de ese corto ciclo ahondó la brecha de desconfianza de la ciudadanía con la política pero dejó a salvo a una tecnocracia que se proclama no vinculada a la política y que ha sido el sector que que quedó mejor posicionado en esta dinámica. Esa tecnocracia, que revolotea en los cargos más importantes del Estado sin importar el gobierno que sea elegido en las urnas, se encontró con una coyuntura internacional favorable que le permitió al Perú crecer a altas tasas entre 2004 y 2014. La ciudadana otorgó el crédito de  la bonanza a los técnicos que ganaron enorme legitimidad en el manejo del Estado.  Una tecnocracia triunfante ha brindado continuidad y estabilidad, como señalan Vergara y Encinas (2016), pero que ha ganado márgenes de autonomía e influencia en el control de las decisiones públicasa expensas de los polìticos. La política huele mal en Perú y no está libre de sospecha para esas mayorías que desde hace décadas no se siente identificada con las principales instituciones que dan sustento y vitalidad al régimen democrático. El ciclo tecnocrático comienza a mostrar sus límites en una democracia que se vacía de contenido pero que necesita recomponer la variable política para asegurar el desarrollo. Se precisa resetear el sistema para avanzar.

La atención a los damnificados por El Niño costero ha generado condiciones para barajar nuevamente las cartas y sentar las bases de un Estado que asegure un piso de derechos para los ciudadanos que no llegan a  ser incluidos solamente con el crecimiento económico. Bajo esta óptica el proceso de reconstrucción ascéptico que reclaman algunos deberia repensarse como un proceso de reconstrucción cargado de alto voltaje político, pleno de simbolismo y orientado a conseguir, como objetivo central, la recomposición del vínculo entre ciudadanos y poderes públicos porque la infraestructura por si sola no alcanzará para reconectar a ciudadanos con la democracia.

¿Cómo articular una reconstrucción en clave política? No hay recetas pero la pelota está ahora en el campo del gobierno y solamente podrán darle forma al asunto si priorizan mecanismos de inclusión de la sociedad civil en el proceso. El gobierno se ha encontrado con la oportunidad de equiparar libertad con justicia y en la gestión de esta oportunidad se juegan aquello que señalaba Maquiavelo sobre la gloria en política.