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31 mayo, 2019

[Artículo RPP] Perú a colores

La reivindicación de las lenguas originarias no es solo para los 4 millones de peruanos que las hablan, sino para los 30 millones. Sin lugar a dudas aprender otras lenguas nos enriquece, por ello, todos deberíamos asumir el compromiso de aportar en su revalorización y democratización. La tarea es grande.

No existe país monolingüe pero sí hegemonías lingüísticas, que ignoran las realidades culturales de los ciudadanos y los pueblos. En el Perú el bilingüismo castellano-inglés es aplaudido pero el bilingüismo lengua originaria-castellano es considerado de orden inferior. En los colegios de las ciudades este bilingüismo es motivo de bullying, en las calles causa risa e incluso desprecio, suscitando comentarios racistas y despectivos. En las universidades, son escasas las producciones en lenguas originarias y son mínimos los esfuerzos para hacer posible que los bilingües sustenten sus tesis en su lengua materna o en dos lenguas. Con mucho esmero se ha avanzado en la producción literaria en lenguas originarias gracias a las nuevas generaciones de jóvenes artistas que desafían la sociedad nacional y reivindican con dignidad su lengua originaria.

Es a partir de la iniciativa legislativa de la congresista indígena Tania Pariona, el 27 de mayo celebramos el Día de las lenguas originarias en el Perú, para hacer posible que estas salgan a la luz y con ello superar, poco a poco, lo insulso del monolingüismo. Aprender otras lenguas es conocer y darnos la oportunidad de vivenciar otras culturas, abrir nuestra mente y encontrarnos con esos mundos que vibran con otros sonidos, olores, sabores, pensamientos, valores y sentimientos. La reivindicación de las lenguas originarias no es solo para los 4 millones de peruanos que las hablan sino para los 30 millones de peruanos que vivimos en un país diverso, multicultural y multilingüe de lo cual podemos sentirnos orgullosos.

Esta realidad nos da el derecho de aprender lenguas originarias a través de una educación intercultural y bilingüe, que nos permitiría ser un país más justo e igualitario ¿Se imagina que nuestros descendientes puedan hablar una lengua originaria, castellano y un idioma extranjero? Ocurre en Paraguay, en regiones de España y en otros países europeos, asiáticos y africanos, que bajo diversos procesos de resistencia y/o descolonización han logrado conservar sus lenguas originarias sin aislarse del mundo globalizado ¿Imposible? No lo creo.

Lo cierto es que no bastará la política nacional de lenguas ni un día de conmemoración de las lenguas originarias, pero es un excelente comienzo hacia una verdadera democratización. La tarea es grande, los ministerios de educación y cultura se esfuerzan en ello y no habrá marcha atrás. Debemos aportar desde distintos frentes de la sociedad civil como los movimientos culturales, academia, organizaciones indígenas y medios de comunicación. También abrir una discusión más profunda y estratégica de lo que significa constituirnos institucional y políticamente en un país multilingüe. Es un camino que nos llevará a otras formas del conocimiento; otros entendimientos del cuerpo y la salud; otras formas de entender la política y de hacer política; otras relaciones con los seres vivos; y probablemente nos invite a abandonar las jerarquías que predominan en las instituciones sociales, la explotación indiscriminada de los recursos naturales y las formas groseras en que se usa y manipula el poder incurriendo en corrupción para la conveniencia de unos pocos, de lo cual ya estamos hartos.

 

Lea la columna de la autora todos los viernes en RPP.pe

Sobre el autor:

Rossana Mendoza Zapata 

Docente de la Escuela de Educación de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya

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