Dafne Zapata, directora del Instituto de Protección al Menor y Personas Vulnerables (IPMEP) de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya (UARM), explicó a El Comercio cuáles son algunas señales que pueden advertir situaciones de violencia escolar. Entre ellas mencionó el miedo o rechazo a asistir al colegio, las somatizaciones, un estado de ánimo más apagado y caídas repentinas en el rendimiento académico.
También señaló como señales de alerta el aislamiento permanente, la negativa a comunicarse o participar en actividades sociales y las alteraciones del sueño y la alimentación. La especialista precisó que, ante una situación de violencia, el colegio debe activar los protocolos establecidos para estos casos. Esto implica dejar constancia de los hechos, recoger información y convocar a las familias involucradas.
Asimismo, señaló que pueden realizarse derivaciones a servicios psicológicos o de acompañamiento y adoptarse medidas de protección para el estudiante afectado. Zapata advirtió que una respuesta insuficiente puede evidenciarse cuando, después de reportar un caso, no se puede explicar qué acciones se han tomado.
También consideró una señal de mala gestión que una instancia superior desconozca un caso previamente informado o que no se puedan precisar las acciones adoptadas. Indicó que la existencia de situaciones similares y reiteradas sin medidas preventivas puede ser un indicio de una respuesta insuficiente.
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