En Historias conceptuales (2017), el historiador mexicano Guillermo Zermeño Padilla ofrece una rigurosa exploración sobre cómo las categorías con las que interpretamos el mundo sociopolítico emergieron al calor de la modernidad. Lejos de ser esencias inmutables o conceptos neutros, nociones como historia, revolución, libertad, espacio público o mestizaje constituyen sedimentaciones contingentes. El libro desmonta los automatismos del lenguaje académico y revela la profunda historicidad de nuestro propio utillaje mental contemporáneo.
Trayectoria e itinerario intelectual de Guillermo Zermeño
Guillermo Zermeño Padillaes historiador y profesor-investigador en el Centro de Estudios Históricos de El Colegio de México. Su trabajo se sitúa en la confluencia entre la teoría de la historia, la historiografía y el análisis de los lenguajes políticos. A lo largo de varias décadas, sus investigaciones se han concentrado en esclarecer cómo se construyó el saber histórico moderno y de qué manera la cultura occidental aprendió a ordenar y registrar su propia experiencia temporal.
En su formación y enfoque metodológico convergen la sociología de Niklas Luhmann, la hermenéutica de Hans-Georg Gadamer y la historia conceptual de Reinhart Koselleck. Zermeño formó parte activa de la red internacional Iberconceptos, iniciativa colectiva dedicada a rastrear las transformaciones del léxico político y social en el espacio iberoamericano entre mediados del siglo XVIII y el XIX. Desde obras como La cultura moderna de la historia (2002), su esfuerzo se ha orientado a despojar a la disciplina histórica de explicaciones deterministas, prestando atención a las categorías y supuestos con los que los investigadores interrogan el pasado.
La obra: cartografía del léxico y los regímenes temporales
Historias conceptuales reúne estudios que examinan cómo los términos con los que pensamos la vida colectiva se fijaron durante la transición del régimen virreinal al republicano. Zermeño sostiene que el quiebre de la monarquía hispánica y las transformaciones de finales del siglo XVIII dejaron obsoletos los antiguos vocabularios políticos. La sociedad requería entonces un léxico nuevo para interpretar acontecimientos imprevistos y orientar su conducta hacia un futuro que ya no dependía de la repetición de modelos previos. Los conceptos no son meras palabras: son formas lingüísticas que sintetizan múltiples relaciones sociales y que operan a la vez como registro de una situación y como directrices para la acción.
En los capítulos del libro se revisa la mutación de nociones centrales. Se analiza cómo la «historia» dejó de ser un arte retórico orientado a dar lecciones morales y registrar anales para convertirse en un proceso singular, universal y con pretensión científica; cómo las «libertades» entendidas como privilegios corporativos dieron paso al concepto general de «libertad»; y cómo el uso del término «América» pasó de ser una referencia territorial o natural a una bandera de confrontación política y cultural. Asimismo, se exploran categorías como «espacio público», «pobreza», «caciquismo», «mestizaje» y la figura del «intelectual», mostrando que ninguno de estos términos posee un sentido estático, sino que todos son resultado de tensiones y disputas concretas en el ámbito público.
Usos prácticos de la propuesta de Zermeño en el análisis contemporáneo
El método de la historia conceptual que propone Zermeño resulta útil para analizar el discurso político actual sin caer en simplificaciones. En primer lugar, permite examinar términos como «democracia», «pueblo», «soberanía» o «nación» fuera de pretensiones atemporales. Cuando se identifica el origen y los cambios históricos de estas palabras, se hace visible que su sentido no es universal ni indiscutible, sino que responde a coyunturas de conflicto donde ciertos grupos lograron imponer determinadas definiciones. En el debate sobre la realidad latinoamericana, esto sirve para cuestionar esquemas rígidos como la oposición entre «tradición» y «modernidad», empleados con frecuencia para justificar diagnósticos apresurados sin atender a las condiciones efectivas de cada comunidad política.
En segundo lugar, el enfoque de Zermeño ayuda a interpretar los momentos de polarización como disputas por el control del vocabulario común. Quienes intervienen en la escena pública suelen presentar sus propuestas bajo palabras de consenso —como «justicia», «institucionalidad» o «libertad»—, pero atribuyéndoles significados excluyentes para deslegitimar al adversario. Rastrear cómo operan estos usos del lenguaje permite deslindar los hechos de las intenciones retóricas, advertir las expectativas que se intentan movilizar y entender que las crisis políticas son también conflictos sobre el modo de definir y regular la convivencia social.
Sobre el autor:
Ricardo L. Falla Carrillo
Profesor asociado a tiempo completo del Departamento de Filosofía y Teología de la UARM.