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16 noviembre, 2018

[Artículo] Repensar la solidaridad para alcanzar excelencia académica

            Siempre que una organización brinda un servicio a los demás, es bueno. Pero desde las instituciones educativas, desde los ámbitos académicos de producción de conocimiento y de formación de profesionales, es importante plantearse cuál es el aporte que nos diferencia de otras organizaciones. La verdad es que no se necesita saber mucho para organizar una campaña de recolección de alimentos u otras actividades asistenciales, el reto está en lograr “valor agregado” desde el punto de vista educativo.

No menos cierto es que, para incidir seriamente sobre la realidad social, se necesita poner en juego conocimientos científicos multidisciplinarios y transdisciplinarios, investigar, desarrollar competencias personales y grupales, capacidad de gestión y de innovación. Los estudiantes que instalan paneles solares en poblaciones rurales aisladas, que capacitan a emprendedores, que encuentran soluciones innovadoras para la construcción de viviendas populares, saben que para intervenir positivamente en un entorno comunitario se necesita saber más, no menos, que para aprobar un examen.

Desde esta perspectiva, la propuesta del “aprendizaje-servicio solidario” (AYSS) apunta a cerrar la brecha entre lo “académico” y lo “social”, entre estudio y acción, entre teoría y práctica, entre docencia, investigación y extensión. Centenares de escuelas y universidades de todo el mundo -y también en Perú- han incorporado prácticas de aprendizaje-servicio a sus programas de estudio.

Múltiples investigaciones muestran su impacto positivo, no solo en el aprendizaje de contenidos disciplinares, sino también en el desarrollo de las tan necesarias competencias para el desarrollo profesional, personal y ciudadano de nuestros jóvenes.

Por citar solo unos pocos ejemplos, es aprendizaje-servicio cuando las prácticas docentes no se hacen solo en la escuela modelo, sino en actividades de tutoría, apoyo escolar y educación no formal en contextos de extrema vulnerabilidad social; cuando las investigaciones desarrolladas en un laboratorio salen al terreno de la mano de estudiantes y docentes, para permitir a comunidades rurales empobrecidas desarrollar producciones innovadoras.

En estas y tantas otras experiencias, los “beneficiarios” no son solo las personas de la comunidad, sino también los propios estudiantes, que al salir al terreno encontraron oportunidades de formación como profesionales y ciudadanos que no siempre se pueden ofrecer en los claustros.

En un buen proyecto de aprendizaje-servicio el aula y el laboratorio se convierten en motores de desarrollo local, y la comunidad en un espacio de aprendizaje e investigación que fortalece la excelencia académica. Una excelencia que no se mide solo en papers publicados, sino por su aporte efectivo a la construcción de un mundo mejor.

Artículo publicado en El Peruano 16/11/18

 

Sobre el autor:

Nieves Tapia

Especialista invitada por la Universidad Antonio Ruiz de Montoya y otras instituciones para el evento: Jornada Nacional de Aprendizaje y Servicio Solidario (JONASS). Fundadora y directora del Centro Latinoamericano de Aprendizaje y Servicio Solidario (CLAYSS)

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