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27 marzo, 2018

[Artículo] Vizcarra entre la tregua y la oportunidad

        En ocasiones sucede que conceptos que pretenden presentarse con el halo de la trascendencia o como santo y seña que permite abrir las puertas a la presunta respetabilidad terminan siendo una suerte de ingreso al vacío, a la sensación de que no se tiene nada que decir. Con las apelaciones sobre la gobernabilidad, ello parece ocurrir con frecuencia en estos cruciales momentos que vive el país.

Todos la señalan pero no la explican. No van más allá de sugerirla como un principio de orden o un aterrizaje suave cuando la torre de control falla en las instrucciones o se quedó sin personal. Quizá, el que más insistiera en aludir a la gobernabilidad fuera Kenji Fujimori, quien la mencionaba con la insistencia del traqueteo de una metralleta, en cada frase que soltaba, después de la revelación de audios y videos que incriminaban a varios de sus colaboradores. Pero, al fin y al cabo, la persona a la que aludimos es una más en una larga lista.

Como señala el sociólogo argentino Antonio Camou, la gobernabilidad, si bien en principio tuvo otras acepciones que no es el caso referir aquí, en democracia se bifurca en varias dimensiones. Entre ellas, la legitimidad del gobernante por haber accedido al poder de acuerdo a las reglas establecidas y ser consecuente con ellas; la eficiencia en lograr los objetivos que este se propone y la estabilidad que, para sustentarla, requiere de la audacia y la prudencia de introducir cambios.

La gobernabilidad, entonces, es un concepto que responde a parámetros relativamente fijos pero que a su vez se tiene que seguir construyendo. Esta dinámica se encuentra presente en cualquier circunstancia. Y se vuelve un desafío apremiante para el presidente Martín Vizcarra entre una tregua que se abre y la exigencia de innovar en estilo y decisiones.

La agenda de los problemas pendientes tiene la ilusoria simplicidad de lo que puede expresarse en una sola frase: reactivar la economía, combatir la corrupción, establecer pactos sociales y políticos. Puede ser el aprendizaje de estos días. Están, sin embargo, quienes se resisten a ello, por hábitos adquiridos o por el largo trecho que se tiene que desandar.

En la batalla de las ideas, en nuestra sociedad se han impuesto los parámetros fundamentales de defensa de una economía de mercado, al margen de las críticas que esta propuesta puede suscitar en corrientes de opinión minoritarias. En todo caso, el principal eje de contestación proviene de aquellos que hacen énfasis en la necesidad de encarar frontalmente una mayor diversificación productiva. Sin embargo, no puede menos que señalarse la creciente falta de credibilidad de algunos entornos técnicos y de empresas que gravitan decisivamente en la economía del país.

 

Lee el artículo completo en el diario El Comercio

Sobre el autor:

Romeo Grompone

Investigador del IEP y docente de la Escuela de Ciencia Política de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya

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