Alejandra Horna y Stefanny de la Cruz, docente de la carrera de Psicología de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya (UARM), participaron en un informe de El Comercio. En sus intervenciones, analizaron las “situasionship”, las relaciones afectivas entre las jóvenes caracterizadas por la ambigüedad.
De acuerdo con Horna, a diferencia de una relación casual, donde el vínculo suele limitarse a la intimidad física o sexual, en una situationship el componente emocional está muy presente. No obstante, señaló que, al mismo tiempo, se distancia de una relación formal porque evita aquello que tradicionalmente sostiene a una pareja: acuerdos, responsabilidad afectiva y claridad emocional.
“A nivel emocional y neurológico, esa dinámica puede volverse profundamente adictiva. Cuando la recompensa afectiva llega después de un periodo de distancia o duda, el cerebro libera dopamina de forma muy intensa, reforzando todavía más el deseo de permanecer en el vínculo. Por eso, muchas veces, mientras más inconsistente es la atención, más difícil resulta soltar la relación, ya que la alternancia entre cercanía e indiferencia mantiene a la persona en un estado constante de expectativa emocional”, detalló.
En tanto, De la Cruz subrayó que muchos jóvenes eligen este tipo de relaciones debido a la influencia de la cultura contemporánea de la inmediatez. Así, indicó que hoy vivimos en una lógica donde todo debe ser rápido, estimulante y libre de incomodidad. Bajo esa idea, arguyó el compromiso empieza a percibirse no como una construcción afectiva, sino como una amenaza a la libertad personal.
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