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5 febrero, 2018

El efecto Francisco

Por: Marcia Abanto
Estudiante de la Escuela de Periodismo de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya

       

     El próximo 13 de marzo se cumplirán cinco años desde que Jorge Mario Bergoglio se convirtió en Francisco y pasó de ser arzobispo de Buenos Aires (Argentina) a sumo pontífice de la Iglesia católica. Un papa que, por primera vez en la historia, es jesuita y latinoamericano. Una novedad absoluta.

El fervor que Francisco causa en la población es un mérito personal, fruto de su carácter carismático, conciliar y revolucionario. Desde que ocupó la silla de Pedro, Francisco no ha dejado de demostrar actos de cercanía con los más necesitados ni de pronunciarse ante temas sensibles e incómodos para la Iglesia, como establecer un proceso de reforma en la Curia Romana, reconocer los casos de pederastia por parte de sacerdotes o abrir las puertas de la Iglesia a los homosexuales y los divorciados.

Esa, quizá, es la razón por la que, desde el 18 hasta el 21 de enero, miles de fieles peruanos —y extranjeros— se movilizaron para acompañar al santo padre en su visita a las ciudades de Puerto Maldonado, Trujillo y Lima, como parte de su reciente tour por Latinoamérica.

Para Ernesto Cavassa, SJ, rector de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya, que Francisco haya elegido esos tres lugares confirma, una vez más, que es un papa de las periferias. “El papa escoge y prioriza a aquellos que están más alejados. Al asistir a esos lugares ha visibilizado no solo el espacio, sino también lo que representan. Puerto Maldonado no es un punto céntrico en Perú, pero al escogerlo, pone en la agenda del país ese ámbito geográfico que muchas veces pasa desapercibido junto con los problemas que lo aquejan, como la minería ilegal, la deforestación y la trata de personas. Trujillo, por su parte, fue una de las zonas afectados por el fenómeno El Niño costero, volviéndonos a recordar que la crisis ambiental que ocurre en el mundo es, a su vez, una crisis social. Finalmente, Lima, la capital del país, es un lugar representativo porque alberga a muchísimos migrantes y es el sitio donde está la autoridad”.

La politóloga de la Pontificia Universidad Católica del Perú Rosa Alayza considera que la presencia de Francisco en esos tres lugares permite ver otra dimensión del vicario de Cristo: la del hombre que liga el discurso con la praxis. “Si uno analiza la visita de Francisco con su segunda encíclica, Laudato si’, encuentra que el documento es una confirmación de su pensamiento. Muchas veces la gente cree que es un discurso que los científicos le dijeron que escriba, pero no. Es algo en lo que cree, que tiene interiorizado, por eso le sale tan natural ir, por ejemplo, a Puerto Maldonado y preocuparse por el bienestar de las poblaciones indígenas”.

Edwin Vásquez, SJ, teólogo de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya, también lo ve así. “El discurso que dio durante el encuentro con los pueblos de la Amazonía fue una referencia clara a Laudato si’. Nos invitó a encontrar un equilibrio entre el neoextractivismo desmedido que termina destruyendo la casa común y el conservacionismo absolutista que prohíbe tocar los recursos de la naturaleza; y también nos deja una tarea pendiente porque, con su mensaje, nos estimula a plantear soluciones para los problemas que nos acontecen como país”.

Esa mirada de Francisco, que cuestiona e invita a la acción, además dejó tareas pendientes en su paso por Trujillo, como la reconstrucción de las zonas afectadas por El Niño costero, la lucha contra el “sicariato”, la falta de oportunidades laborales para los jóvenes y, un tema que sacó a muchos de su zona de confort, la lucha contra el feminicidio, o, en palabras del sumo pontífice, “la plaga que afecta a nuestro continente americano”. Tanto para el padre jesuita Ernesto Cavassa como para Alayza, la importancia de la visita a Trujillo radica en los términos concretos de su mensaje y el contexto en que los comunica. Además, la politóloga enfatiza otra de las características de Francisco: “Al hablar de feminicidio durante la celebración mariana de la Virgen de la Puerta, nos demuestra que no duda en llamar a las cosas por su nombre. Este papa va al meollo, nos recuerda los problemas que atravesamos como sociedad y nos incita a hacer algo al respecto”.

Por eso, de acuerdo a Vásquez, la crítica de Francisco llama la atención porque está hecha en un contexto positivo. “Cuando toca el tema de la corrupción lo hace, oportunamente, frente a las máximas autoridades del Estado y nos dice —con mucha sabiduría— que ese ‘virus social’ que tiene enfermo al país es vencible”. Así en Lima, el santo padre centró su mensaje en otro de los males que afronta Latinoamérica y en especial, el Perú: la corrupción.

Los especialistas entrevistados concuerdan en señalar que la visita apostólica del papa ha servido para poner el foco de atención en grandes problemas nacionales que tienen que ver, no solo con el periodo actual, sino también con el del futuro. No debemos olvidar que la ansiada solución se encuentra en nuestras manos, siempre y cuando estemos unidos —y dispuestos— a construir por la esperanza. Esperemos que de acá a unos años, cuando hagamos el balance del efecto Francisco, veamos los frutos de lo que hicimos o dejamos de hacer como nación. 

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