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15 junio, 2018

La tradición educativa jesuita cultiva la dimensión trascendente de la persona

El ciclo de conferencias Fides y Humanitas: claves para inspirar el presente, realizado con motivo de la conmemoración de los 450 años de la llegada de los jesuitas al Perú, concluyó con un panel sobre los desafíos de la propuesta pedagógica de la congregación ante las nuevas demandas del mundo del siglo XXI. Los expositores consideran que uno de los mayores retos de la Compañía de Jesús es la atención a la diversidad, la inclusión educativa y el impulso de las plataformas apostólicas regionales. Todo ello orientado a formar una ciudadanía global desde la centralidad en la persona y sus particularidades.

Rafael Egúsquiza, director del Instituto de Investigación y Políticas Educativas (IIPE) de la Ruiz de Montoya, destacó, como característica principal de la educación jesuita, el conocimiento del alumno en su contexto no solo para preparar el año escolar, sino para lograr un mayor conocimiento del estudiante con el fin de crear espacios de confianza y de relación que permita el aprendizaje y desarrollo humano. “Se conoce a las personas, precisamente, a través de sus narraciones personales y espacios de escuchas de sus procesos. La docencia va más allá de un objetivo comunicativo y de aprendizaje, tiene que ver, sobre todo, con fortalecer relaciones de diálogo y de confrontación de ideas”.

La educadora Dora Revolledo, quien participó en la formulación e implementación del proyecto curricular de los colegios jesuitas del Perú, coordinadora de Calidad Educativa del Colegio de La Inmaculada y coordinadora pedagógica de los cuatro colegios jesuitas del Perú, describió la formación integral jesuita orientada a hacer que jóvenes y niños sean capaces de percibir la realidad de una manera crítica y que esto les permita actuar a favor de los derechos de las poblaciones más vulnerables. “La tradición educativa jesuita cultiva la dimensión trascendente de la persona. El Currículum Común Ignaciano (CCI) nació con este fin. Se centra en la persona y en sus aprendizajes”.

El encuentro también contó con la participación del P. Javier Quirós Piñeiro, SJ, a quien el Ministerio de Educación en el 2014 le otorgó las Palmas Magisteriales en el grado de “Amauta”, ex director nacional de Fe y Alegría del Perú, y actualmente subdirector de Fe y Alegría. Compartió la experiencia de conversión de Ignacio de Loyola, el fundador de la orden y cómo se construyó el documento de pedagogía ignaciana que es una creación colectiva.

“El vínculo de los jesuitas y la educación empezó con la necesidad de formar a los nuevos miembros y luego se convirtió en un instrumento apostólico. Ahora tenemos el desafío de incrementar el potencial educativo en cada una de nuestras plataformas (todas las obras jesuitas en una determinada región), integrarlas y, desde Consigna (Consorcio Ignaciano de Educación del Perú) aportar más en la educación pública”, señaló el P. Javier Quirós Piñeiro, SJ.

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