Giovanna Mejía, docente de la carrera de Psicología de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya (UARM), participó en un informe de El Comercio. En su intervención, analizó la presión cultural y social en torno al envejecimiento femenino.
La especialista sostuvo que tanto hombres como mujeres aprenden qué se espera de ellos en su entorno, y esas expectativas también moldean la relación con el propio cuerpo. En este sentido, indicó que la apariencia no llega a ser una decisión completamente libre, sino una elección que ocurre dentro de los límites que la sociedad permite o sanciona.
“El problema de fondo es estructural, más que estético. El género, lejos de limitarse a describir diferencias, organiza relaciones de poder. Por consiguiente, el cuerpo de la mujer no se evalúa por cómo luce, sino por su rol histórico como un espacio donde se inscriben normas, expectativas y formas de control", agregó.
En esa línea, la docente UARM enfatizó que esta angustia frente al paso del tiempo no surge del envejecimiento en sí mismo, sino de haber sido socializadas bajo una estructura que le pone fecha de caducidad al valor de una mujer.
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