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18 enero, 2019

[Artículo] Cultura deambulante

            Cualquier evaluación sobre lo que ha hecho el Ministerio en su vida institucional, no puede obviar su realidad presupuestal, que viene mal desde su nacimiento, pues surgió casi como una extensión del extinto Instituto Nacional de Cultura, al que se sumó el actual Viceministerio de Interculturalidad, los organismos patrimoniales e IRTP.

Los recursos destinados fueron y siguen siendo harto insuficientes. Incluso hoy son porcentualmente inferiores a lo que eran en el 2013, cuando la OEI y CEPAL publicaron un estudio sobre cultura y desarrollo económico en Iberoamérica. Si en el 2013 el gasto público en Cultura era 0,43% del presupuesto general, hoy es sólo del 0,34%.

En 2013 dicho rubro representaba el 0,09% del PBI, a la fecha llega a apenas el 0.05%. Cuán lejos estamos de la recomendación de UNESCO y OEI, quienes promueven que los países de la Región destinen al menos el 1% del presupuesto en Cultura. Nuestro Sector recibe muy poco, apenas un tercio de lo internacionalmente recomendado, y por debajo incluso del promedio regional (0,58%); siendo, además, que debe proteger un inmenso (y muy rico) patrimonio cultural.

Pero el problema principal no es la falta de recursos. Tampoco lo es la gestión ineficiente, aunque, en mucho, ésta puede deberse a la escasez descrita. El gran tema aquí es que hemos sido incapaces, como Estado y Sociedad, de establecer claramente para qué queremos un Ministerio de Cultura. Los exiguos presupuestos y el trabajo ineficiente son síntomas de un problema mayor: la falta de brújula. No hay una visión que guíe, una comprensión del papel que juega la cultura en el desarrollo e incluso tampoco un entendimiento cabal de cómo y cuánto nos define como nación.

En este deambular se ha llegado a extremos de sustentar propuestas que deberían ser impensables para un país como el Perú, como aquellas de “despatrimonializar” al Sector, o que no debería ocuparse de la interculturalidad. Se ha pedido también fusionar Cultura con Turismo, lo que ha sido hecho por muy pocos países en el mundo, y funcionaría sólo si Cultura llevase la batuta para priorizar así la preservación y el uso sostenible del recurso. No hay manera que, en el Perú, el Ministerio no se oriente a la protección del Patrimonio Cultural de la Nación. Pero no queremos un Ministerio sólo gendarme, sino uno que promueva las industrias culturales, fomente la creación cultural y artes vivas, enmarcando todo su accionar sobre la base de nuestra diversidad cultural.

El Ministerio debería ser un instrumento más del Estado para la creación de ciudadanía, promoción del acceso a los derechos culturales y fomento de una cultura democrática. Debería crear políticas culturales que protejan nuestro valioso patrimonio prehispánico, virreinal o republicano, junto con animar las manifestaciones vivas y el arte de todos los días. Políticas que sepan alentar las pujantes y modernas industrias culturales, de modo que las superproducciones de fuera no las asfixien, pero sin llegar a la sobreprotección para que puedan crecer con calidad.

 

Lea el artículo completo en el diario La República

Sobre el autor:

Dr. Joseph Dager

Historiador y profesor ordinario de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya

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