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17 octubre, 2018

Especialistas de la Ruiz brindan conferencias en Arequipa sobre ecología integral y justicia

La Ruiz de Montoya y el Centro Loyola de Arequipa presentaron el Ciclo de conferencias: “El Perú de hoy: Tres perspectivas”, en el auditorio de la Iglesia de la Compañía de Jesús en Arequipa. Los especialistas abordaron temas vinculados a los grandes desafíos que tiene el país en materia de protección del medioambiente, respeto de la calidad de vida de los más vulnerables y la reforma del sistema de justicia. El encuentro permitió reflexionar sobre la coyuntura política nacional, los mensajes del papa Francisco en Laudato si' y la necesaria transformación del modelo económico.

La Dra. Birgit Weiler, directora de la Dirección de Investigación, destacó que el papa Francisco escribió la encíclica para que “haga eco” en el interior de cada persona, que despierte y acelere su proceso de toma de conciencia sobre los efectos del consumo desenfrenado en la naturaleza y sus implicancias en el futuro de la humanidad.  “Muchos impactos negativos se verán en treinta años, pero tienen su origen hoy. Seamos personas reflexivas y vivamos con mayor sensibilidad y responsabilidad nuestra relación con la tierra. No podemos seguir viendo a la naturaleza como un objeto. Aprendamos a relacionarnos recíprocamente”.

La especialista aclaró que el texto de Génesis (1,28) “Tengan autoridad sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo y sobre todo ser viviente que se mueve sobre la tierra” ha sido mal interpretado. No quiere decir que dominemos aplastando otras formas de vida, subyugando, haciendo imposible que la vida en su gran diversidad siga adelante. “No somos los que tenemos derecho de dominar, explotar y maltratar, sino los llamados a ser administradores responsables de cuidar los ecosistemas. Se nos ha confiado una gran responsabilidad que implica informarnos y formarnos para cumplir lo encomendado”, expresó.

Sobre el llamado del papa Francisco a incorporar en la experiencia de fe una conversión ecológica Birgit Weiler explicó que para el sumo pontífice no hay dos crisis, sino una sola que exige un enfoque integral, dejar atrás la cultura del descarte y luchar por las personas más postergadas que menos posibilidades tienen de defender su derecho a una vida digna. La crisis socioambiental abarca diferentes dimensiones: cuidar de los otros seres humanos, promover la justicia social y a la vez ser justo con la tierra.

 

Una revisión crítica del mercado

El Mgtr. Jorge Elgegren, director de la Escuela de Economía y Gestión Ambiental, puso énfasis en los modelos económicos que se rigen por la maximización de las utilidades sin reparar en los efectos de la actividad humana sobre la naturaleza y el ambiente los cuales quedan indefensos ante el mercado convertido en una deidad que dirige el rumbo de los países. En algunos lugares existe la tendencia de privatizar recursos como el agua, lo cual hace que los recursos naturales se tornen en mercancías sujetas a la regulación del mercado. Destacó que, tal como ya lo ha expresado el papa Francisco, no se trata de negarle la importancia al mercado, sino de tenerlo como aliado para resolver los problemas de la crisis socioambiental.

Dejó en claro que la instrumentalización de la naturaleza está presente no solo en economías en donde impera el mercado, sino también en países con un Estado central planificado. “El papa Francisco hace una revisión crítica del mercado, independientemente, del tipo de régimen político y económico. Pone en la mesa las inequidades y propone se asuma el pago de la deuda ecológica, lo cual implica rastrear la huella ecológica de los productos que consumimos para confirmar si la materia prima proviene del uso responsable de los recursos naturales y del respeto de la dignidad humana de quienes trabajaron en su aprovisionamiento”.

 

Camino hacia una justicia célere y sin corrupción

Otro aspecto que tiene que ver directamente con la protección de lo más vulnerables y la justicia social es, precisamente, la reforma del sistema de administración de justicia que enfrenta dos graves problemas: la lentitud y la corrupción. Así lo explicó, el Dr. Aldo Vásquez, vicerrector académico de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya. Procesos judiciales (por alimentos y desahucios) que deberían tardar en promedio seis meses, toman entre dos y cuatro años, en el mejor de los casos, es decir, ocho veces más del tiempo que les correspondería. “Un sistema lento es, absolutamente, ineficiente. Justicia retardada es justicia denegada. Una sociedad en la que no se respetan los procedimientos genera desconfianza y altera la convivencia ciudadana”.

En promedio existen más de tres millones de juicios abiertos en el Perú (un juicio por cada diez peruanos) y 3 500 jueces para resolverlos (mil expedientes por cada juez). Para el ex ministro de Justicia y Derechos Humanos se requiere articular el sistema y diseñar políticas públicas en materia de justicia que permita organizar centros integrados de atención al justiciable donde esté la policía, el fiscal, el juez y la defensa pública, con expedientes electrónicos. Además, recordó que los miembros del Poder Judicial y del Ministerio Público no deben su mandato a la elección popular, por lo que, es apremiante recomponer el CNM (hoy Junta Nacional de Justicia) para asegurar nombramientos idóneos y, eventualmente, sancionar. “El CNM sustituye la voluntad popular, cumple una labor fundamental”, señaló.

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