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9 enero, 2019

[Artículo] Cuerpos y aprendizajes

         Hoy el tema del cuerpo está en el centro de nuestra atención, expectativas y preocupaciones.  Estos días comentamos cómo nos dejaron las comidas de las fiestas y cómo alistamos nuestro cuerpo “para el verano”. Esas conversaciones nos ofrecen pistas para discernir la importancia ética de cómo juzgamos, ocultamos y cuidamos nuestros cuerpos.

La relación con su propio cuerpo es un aspecto decisivo de la identidad de cada persona. No es solo “una herramienta” con la que se conecta con los otros y las cosas, sino el espacio donde aparece en un lugar y momento determinados. La filosofía contemporánea (E.Husserl, M. Merleau-Ponty, entre otros) nos ha vuelto a recordar que no solo estamos en un cuerpo sino que somos cuerpo. De ahí que en las angustias y reconciliaciones que vivimos hoy con nuestro cuerpo se juegue también qué tan (in)humanamente convivimos con los demás.

Aprendemos desde pequeños formas determinadas de percibir, cuidar y juzgar nuestro cuerpo. Esos aprendizajes compartidos se muestran hoy en el crecimiento de la industria de cosméticos, las modas en ropa, los gimnasios y “barber-shops”, la cirugía estética, la selectividad al comer y beber, entre otros. Desde ese aprendizaje valorativo reconocemos o ignoramos los cuerpos que interrumpen lo acostumbrado: el hombre sucio y enajenado que camina desnudo por la pista, la señora con atuendo andino que sube al bus y se sienta a mi lado, el vendedor con acento extranjero que me ofrece algún producto, por ejemplo. Ese aprendizaje orienta nuestra conducta habitual de forma que, sin necesidad de pensarlo, tendemos la mano a una persona adulta mayor que sube con dificultad la escalera o abrimos los brazos a quien se nos acerca con los ojos llenos de lágrimas. Pero ese mismo aprendizaje también puede dificultar entender por qué una joven se siente agredida cuando le silban por la calle o por qué un joven homosexual se ofende cuando un grupo se burla de su forma de hablar. Muchos perciben estos actos como un hostigamiento reprobable y denunciable ante las autoridades. No pocos otros apenas advierten la forma normal(izada) de ver y hablar de nuestros cuerpos. Por eso necesitamos dialogar críticamente sobre nuestros aprendizajes.

Explicitar y hablar de lo que nos resulta acostumbrado y diferente, atractivo o repulsivo en nuestros cuerpos requiere una sensibilidad y compromiso pedagógico ya desde el hogar y la escuela. Ahí también podríamos descubrir a otras personas que sufren y que no vemos ni escuchamos, porque no hemos aprendido siquiera a reconocer sus cuerpos en la calle ni nos los muestran los medios de comunicación. Hacer de (cómo tratamos a) nuestros cuerpos tema de conversación y de educación no un asunto de narcisismo. En nuestra forma de vernos y hablarnos se juega en el día a día cotidiano cómo vivimos juntos y cómo quisiéramos vivir.

Artículo publicado en el diario El Peruano

 

Sobre el autor:

Víctor Casallo

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