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15 agosto, 2018

[Artículo] Universidad, conocimiento y poder

       La universidad es el lugar donde una sociedad se piensa a sí misma. En ella, se formulan y registran las teorías e ideas que propician el conocimiento de la complejidad social y cultural de una comunidad política e histórica. También, se forman los saberes que tienen una aplicación directa en la organización social, en las instituciones de lo público y de lo privado y en el ámbito de la producción. En ese sentido, la universidad es el espacio en donde un país es capaz de reconocerse en su complejidad, hondura y multiplicidad.

¿Qué condiciones debe ofrecer la institución universitaria para constituirse en el lugar que favorezca el autoconocimiento de una sociedad?  La primera condición, es propiciar los medios para la elaboración de teorías e ideas de diverso origen disciplinario. En efecto, en el ámbito universitario, producto de la lectura, de la investigación y del debate académico, se construyen ideas que nos permiten situar –conceptualmente– las dimensiones histórica, intelectual, cultural, medioambiental, tecnológica y moral de una comunidad política.  Este “marco conceptual de país” es el que permite, en diversos niveles de decisión, articular las necesidades comunes con los intereses particulares. Sin elaboración teórica en el ámbito universitario, una sociedad carece de derrotero, de sentido integral de sus propios procesos.  Pues no hay ideas fundamentales a fin de sostener y encauzar la gestión de lo concreto y práctico.

La segunda condición, es propiciar un ambiente para que la universidad se constituya en una autentica “sociedad abierta”. Las ideas formadas en la investigación y discusión universitaria, deben ser sometidas al escrutinio del cuerpo académico. Dicha examinación crítica solo es posible si la organización universitaria se basa en la libertad de cátedra y en la deliberación argumentada. No es posible el ejercicio universitario sin la participación institucional. Cuando el cuerpo académico se encuentra en igualdad de condiciones, surge una ciudadanía universitaria que asume con naturalidad su propia vocación intelectual, pudiendo incidir en la mejoría de la misma universidad.

Cuando la institución universitaria solo se orienta a la formación profesional o técnica, no se genera la reflexión compleja que requiere un país para entenderse a sí mismo. Sin base intelectual propia, se trasplantan ideas surgidas en otros contextos, asumidas sin rigor intelectual. La consecuencia de ello es un “frankenstein teórico” que oscurece y tergiversa la percepción que se tiene del país.

Si queremos construir un proyecto de país de largo plazo, que sea capaz de concebir las variaciones de los entornos futuros, debemos fortalecer la dimensión intelectual y académica de la institución universitaria. Pues ahí se forjan las necesarias e interesantes teorías e ideas de lo que somos.

 

Artículo publicado en el diario El Peruano el 15/08/2018

Sobre el autor:

Ricardo L. Falla Carrillo

Jefe del Departamento de Filosofía y Teología de la UARM

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