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15 marzo, 2018

[Artículo] La corrupción y el grave daño a la gobernabilidad

           La corrupción está causando un grave daño a la gobernabilidad del país. Ha paralizado grandes obras públicas dejando sin puestos de trabajo a miles de peruanos. Ha detenido la economía y afectado la libre competencia. La corrupción está vulnerando los derechos de muchos peruanos que no pueden acceder a servicios básicos de calidad en educación, salud, saneamiento y transporte. En resumen, está socavando las bases mismas de la construcción de un país y su integridad.

La visita del Papa Francisco colocó a la corrupción como uno de sus temas centrales, junto con el respeto a los pueblos indígenas, el cuidado del medio ambiente, el rechazo a la minería ilegal y la trata de personas, la violencia contra la mujer, el feminicidio y la inseguridad ciudadana. Calificó a la corrupción como el “virus social” que lo infecta todo y que nos roba la esperanza. El Perú y “gran parte de Latinoamérica sufre en su política una gran decadencia debido en parte a la corrupción. El caso Odebrecht es simplemente una anécdota chiquita".

La expresión más gráfica y contundente del Papa fue "¿qué le pasa a Perú que cuando uno deja de ser presidente lo meten preso? Humala preso, Toledo preso (con pedido de prisión), Fujimori estuvo preso hasta ahora y Alan García que entro y que no entro". Estas palabras resumen la gravedad del problema pues involucra a los ex presidentes, líderes políticos e, incluso, al actual presidente, afectando seriamente la gobernabilidad del país y la confianza de los ciudadanos en sus autoridades.

El circulo de la corrupción y la impunidad

Los últimos gobiernos se han visto involucrados en el más grande caso de corrupción en América Latina: el caso Lava Jato. En su reciente declaración Marcelo Odebrecht señala: “con seguridad sí apoyábamos a los principales candidatos en todas las elecciones”.

Lava Jato muestra la forma cómo operaba la corrupción en Brasil, Perú y otros países de América Latina. Este comprendía: 1) el financiamiento sistemático de campañas políticas, lo que les permitía congraciarse con los futuros gobernantes; 2) adjudicarse grandes obras públicas a bajo precio y sin una competencia real; 3) la sobre valoración de las obras públicas adjudicadas mediante adendas y adicionales; 4) la manipulación de arbitrajes poco transparentes en perjuicio del Estado; 5) el pago de sobornos; y 6) la creación de empresas off shore a donde se desviaban los dineros robados al Estado.

Lava Jato también muestra la debilidad del Estado para detectar, prevenir y sancionar la corrupción. Durante estos años, no han funcionado los sistemas de contrataciones públicas, ni el control y las auditorias y, finalmente, no ha funcionado como se esperaba el sistema de justicia para sancionar estas prácticas corruptas. El resultado: la impunidad frente a la corrupción.

Artículo completo publicado en la revista Intercambio n.° 41 

Sobre el autor:

Eduardo Vega

Director de Escuela de Derecho de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya

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