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31 enero, 2019

[Artículo] Los “nuevos” universitarios

          En 10 años, la población con educación superior creció en un 40 % a nivel nacional (según las cifras reportadas por los censos del 2007 y del 2017). Pero, ¿Quiénes son los jóvenes que hoy acceden a la educación superior? ¿Quiénes son los rostros de esos porcentajes en aumento?  Nos proponemos hacer un perfil de estos jóvenes entre 20 y 24 años. Se trata de una generación que, si bien ha superado barreras que enfrentaban las generaciones anteriores, sigue haciendo frente a desafíos que nos permiten hablar de una democratización parcial de la educación superior en el Perú.

Son la primera generación de sus familias en acceder a educación superior. Esta nueva situación se ve configurada por dos elementos importantes: 1) las trayectorias educativas de sus familias y 2) las migraciones familiares. Solo el 13 % de estudiantes de secundaria de Lima Metropolitana tiene madres que acabaron la Universidad (Censo, 2017).  Esto configura el bagaje con el que entran a la Universidad en términos de conocimiento y experiencias educativas. En cuanto al segundo punto, las madres de 33 % de estos jóvenes vivían fuera de Lima cuando estos nacieron. Para este porcentaje, la migración ha probablemente representado una posibilidad de acceder a más servicios educativos que los que podían acceder en sus ciudades de origen.

Si bien esta transición intergeneracional representa un orgullo inmenso para las familias, es también un sacrificio que no solo involucra al estudiante. Esto se debe a la ausencia de oportunidades educativas públicas y gratuitas porque en Lima, la educación superior es mayoritariamente privada. Según Sunedu, al 2015 el 73 % de la matrícula está en universidades privadas. El tránsito de una educación gratuita a una pagada se transforma en una carga económica altamente costosa. Las dificultades económicas y las responsabilidades domésticas condicionan las experiencias universitarias de estos “nuevos” universitarios.

Los nuevos universitarios son, en su mayoría mestizos. 66 % se considera así mientras que 15 % quechua y 3 % afro, según lo reportado por el último censo. El mestizaje se vuelve muchas veces una barrera racial por superar en su tránsito hacia la educación superior y luego en su tránsito hacia el mundo laboral. Estas características hacen que la experiencia universitaria sea diferente entre quienes son nuevos universitarios y quienes no lo son. Esto nos debe interpelar no porque se trate de una excepción sino de un ejemplo de los desafíos que enfrentamos como democracia para garantizar un ejercicio de ciudadanía plena.

El desafío ya no sea quizás el acceso a educación superior sino esté ahora un paso más en la trayectoria de vida: en el acceso a oportunidades laborales. Frente a ello, el Estado, las universidades y el sector privado tienen una responsabilidad para generar democracia después de la educación.

Artículo publicado en el diario El Peruano el 31/01/2019

Sobre el autor:

Adriana Urrutia

Directora de la Escuela de Ciencia Política de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya

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