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5 abril, 2019

[Artículo] Una pausa para avanzar

       La crisis en el sector de Yavi Yavi, que involucra a la comunidad campesina de Fuerabamba, la empresa minera MNG Las Bambas y el Gobierno, se mantiene en tensa calma. La detención preliminar del presidente de la comunidad campesina y sus asesores, generó un escenario poco favorable para el diálogo y de alto riesgo en la zona; días después con la liberación del presidente se abrió una posibilidad para retomar las comunicaciones, posibilidad que vuelve a “pender de un hilo” con la orden de prisión preventiva a los asesores y las expresiones de la comunidad que su liberación es una condición para retomar el diálogo.

La incertidumbre de lo que suceda los siguientes días y el temor que se produzcan hechos de violencia, nos mantienen intranquilos. En este trance, resaltar el primer encuentro que se dio el pasado fin de semana entre el presidente de la comunidad y representantes del Poder Ejecutivo, bajo la mediación de la Conferencia Episcopal Peruana (CEP) y la Defensoría del Pueblo. La reunión buscó que dos de las partes en este conflicto tomen contacto, intercambien puntos de vista, opiniones y alcances algunas propuestas tentativas. Entre ellas: levantar el Estado de Emergencia en la zona, desactivar  las medidas de protesta, incorporar la mediación de la CEP y la Defensoría del Pueblo en un proceso del diálogo, y pactar una siguiente reunión para el 6 de abril en Lima.

Si bien en las últimas semanas los involucrados han manifestado su disposición a dialogar, un siguiente paso será materializar esto en acciones concretas y visibles. Es necesario un compromiso real y un proceso finamente planificado en aras de desescalar el conflicto y encaminarlo en el marco de un proceso de diálogo.  En estos momentos la CEP y la Defensoría del Pueblo, están buscando reconciliar a las partes, reconstruyendo las relaciones para que su participación sea fluida y cooperante, desplegando su mejor esfuerzo para generar condiciones básicas, mientras será oportuno que las partes analicen las razones por las cuales las iniciativas de diálogo anteriores no dieron fruto, para no repetir los mismos errores.

La experiencia nos dicta que es saludable para el abordaje del conflicto pensar en una suerte de "cuarto intermedio" para bajar las tensiones e intentar un diálogo más abierto y genuino entre las partes. Para ello un primer paso sería hacer una pausa y dejar por un momento de concentrarse en las propuestas de carácter económico, y pueda tenerse más claridad sobre la situación legal de las personas detenidas y en proceso de investigación; en síntesis, buscar generar confianza en el proceso de diálogo. Esta etapa ayuda a que los mediadores trabajen con las partes, estableciendo  consensos sobre la hoja de ruta a seguir, siendo un primer acuerdo, pactar el cese de la violencia, que dé paso al diálogo constructivo.

Este periodo de pausa puede ser aprovechado para dar inicio a un proceso de "paz local" cuya implementación demandará un importante esfuerzo, pues implicará un conjunto de fases que sólo podrán llevarse a cabo con la voluntad y la participación activa de todos los actores, teniendo como uno de sus objetivos, evitar que la crisis, actualmente existente, se manifieste violentamente. Abordar los múltiples asuntos que dieron origen al conflicto y los temas de fondo, con prisa y bajo presión no aporta a construir condiciones básicas para un proceso de diálogo realmente efectivo. 

Los actores involucrados deben ser conscientes de que se buscarán acuerdo integrativos en los  que todos puedan ganar, pero que ello puede implicará ciertas concesiones, creatividad y flexibilidad. Una vez logrado el nivel de confianza necesario entre las partes, recién se podrán negociar los temas que dieron origen al conflicto vinculados a la situación jurídica del Fundo Yavi Yavi, la situación de la Vía Nacional y los impactos sociales y ambientales que genera el transporte de minerales. Si se quiere avanzar, no se puede seguir improvisando y quedando en el gesto o la sola buena voluntad mediática.

Sobre el autor:

Liz Puma

Coordinadora del Diplomado en transformación de conflictos sociales en la Universidad Antonio Ruíz de Montoya

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