20 junio, 2022

[Artículo RPP] Ricardo L. Falla: La premisa mayor del silogismo

En nuestros días, un fantasma recorre el mundo: es el fantasma de la premisa mayor del silogismo. Su sentido generalizador, está a punto de devorar a nuestras sociedades sumiéndolas en una nueva edad de las tinieblas. ¿De qué forma? Veremos.

Uno de las obras testimoniales más conmovedoras del siglo XX es “Si esto es un hombre”, del escritor judío italiano Primo Levi (1919-1987). En ella, su autor retrata con rigor y precisión su terrible estancia en Monowitz, un campo de concentración subalterno al infernal Auschwitz. No vamos a detenerlos en los detalles de la narración de Primo Levi, pues es evidente que se trata de un retrato del horror perpetrado por la insania nazi en los campos de exterminio y porque sería más interesante que los lectores de esta columna puedan acercarse al texto de la mano de su agudo, sensible e inteligente autor. Más bien, queremos situarnos en el breve y lúcido prólogo que antecede a la obra, pues ahí hay cuestiones que tienen perenne actualidad.

Primo Levi observó – como otros tantos lo han hecho- que la presencia del extraño, del diferente, causa en muchas personas desprecio, venganza, desconfianza y odio. Estos sentimientos del submundo de la condición humana están contenidos mientras hay ciertas fuerzas externas que los controlan o los dirigen a otros intereses. Sin embargo, el peligro real se da cuando dichos sentimientos comienzan a transformarse en ideas y nociones que tienden a poseer un carácter universalizador, los mismos que pueden ser enunciados “como la premisa mayor de un silogismo”. Y, desde posición, convertirse en dogmas expresados en oraciones como “todos los x son malvados, podridos, crueles, inservibles, embrutecidos, frívolos, vagos, etc.” Cuando ello ocurre y se repite de forma constante, algunos grupos comienzan a asumir que su deber es acorralar y exterminar a quienes representan las diversas manifestaciones de la “escoria del mundo”.

Pero ahí no queda el asunto. Dichas premisas universales, corren el riesgo de encarnarse en estructuras sociopolíticas más o menos constituidas y, desde una posición de combate ideológico, llegar al poder o pretender llegar al poder. En evidente que Primo Levi se refería al agazapado sentimiento antisemita que hubo en Europa occidental por siglos y que, una vez que se desarrollaron las condiciones sociales y culturales, se convirtió en idea, dogma racial y acción política. Siendo la “solución final” el último eslabón de una trágica cadena causal.

Estamos en una época en donde abundan “las premisas mayores del silogismo”. Con frecuencia, se dice sin el mayor desparpajo que “todos” los varones o las mujeres son esto o aquello. O que “todos” los que tienen un determinado color de piel o los de cierta procedencia social o cultural son uno o el otro. Peligrosamente se están excluyendo los matices y la individualidad específica, y se favorece la generalidad acrítica y reduccionista.

Es evidente que, en las crisis de civilización en la que tristemente nos encontramos, las fuerzas más irracionales y destructivas que se encuentran en al interior de las sociedades comiencen aflorar sin tener un cauce lógico que las convierta en razones políticas articuladas. Así, se están erigiendo nuevas formas dogmáticas, carentes de cualquier tamiz autocrítico, desde donde se exacerba el odio, la venganza, la irritación y el grito destemplado. Haciendo nuestra la preocupación de Primo

Levi nos preguntamos ¿cómo haremos para evitar la “premisa mayor del silogismo”? ¿Podremos evitar los futuros campos de exterminio? ¿No será el momento de empezar a pensar desde los matices? Como siempre, la responsabilidad del mañana está en nuestras manos.

Lea la columna del autor todos los lunes en Rpp.pe

Compartir esta noticia:

Últimas noticias