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30 abril, 2019

[Artículo RPP] La confesión del Sr. Barata: rito, verdad e historia

La historia no está hecha solamente de grandes hazañas, como a veces nos lo hacen creer, sino del testimonio de individuos que, errados o no, nos ofrecen su versión para mirarse a sí mismos y mirar con nuevos ojos la realidad. La confesión es una historia contada en primera persona y hoy ya forma parte de nuestra tradición.

Durante mucho tiempo, los vladivideos fueron el medio por el cual los peruanos pudimos conocer el modo en que políticos y empresarios se pusieron a disposición del régimen del expresidente Alberto Fujimori y su otrora asesor Vladimiro Montesinos. Hoy, casi veinte años después, ya no tenemos solamente estas cintas (disponibles en Internet) sino los audios del caso del Consejo Nacional de la Magistratura y las confesiones de los colaboradores eficaces del caso Odebrecht. Se trata tal vez de documentos que pueden parecer menos atractivos, pues ya no hay nadie a quién observar, pero no por ello menos importantes. Para poder echar abajo el régimen fujimorista, fue necesario tener una prueba de impacto que tuviera consecuencias inmediatas en el sistema político. En los casos Lava Jato, Lava Juez, Los Cuellos Blancos del Puerto y otros, lo que tenemos son declaraciones, producto de una cuidadosa investigación y obtenidas en diligencias fiscales.

No obstante, lo que más nos llama la atención de todo este proceso es, precisamente, el lugar especial que ha cobrado el acto de la confesión. Nunca antes hubo tanta expectativa por la declaración de un hombre, nunca las palabras de alguien tuvieron tantas consecuencias. Acostumbrados a tener políticos que nunca aceptan su culpabilidad en público, a todos nos llama la atención que un hombre reconozca que fue parte de un delito y que ahora quiere decir la verdad. Sin embargo, la decisión del Sr. Jorge Barata, superintendente de Odebrecht en nuestro país en la época de los pagos ilícitos a los políticos, ha sido diferente. En vez de esperar décadas, el tiempo que ha pasado para conocer el verdadero motivo de las transacciones ha sido casi imperceptible. Su confesión ha creado un nuevo capítulo en la historia del Perú.

Para la justicia, la confesión es un ritual que siempre es visto como una victoria, pues es el acusado quien por propia voluntad acepta su culpa y explica los motivos que lo llevaron a realizar los actos indebidos. Sin embargo, y más allá de los procedimientos judiciales, la riqueza de una confesión se encuentra sobre todo en los efectos que tiene en el mismo acusado. Para el filósofo francés Michel Foucault, a quien siempre le interesó el tema, la confesión “produce en el que la articula modificaciones intrínsecas: lo torna inocente, lo redime, lo purifica, lo descarga de sus faltas, lo libera, le promete salvación” (Historia de la sexualidad). El hombre que se confiesa ya no es el mismo de antes, pues su revelación lo rescata de la soledad y lo regresa a la sociedad. Más allá de las consecuencias prácticas que tendrá que afrontar, él se encuentra ya libre en su conciencia. En el caso del Sr. Barata, esta dimensión interior cobra un significado particular. Con su confesión, el exsuperintendente queda liberado de los códigos secretos (el lenguaje encriptado que la compañía utilizaba para ejecutar las coimas) y retorna al lenguaje corriente, al lenguaje de todos. Su declaración también es una “traducción” de sí mismo y de los hechos, en tanto que al decir la verdad se abre la posibilidad de encontrar una nueva forma a su vida personal.

Todavía no conocemos los resultados de las investigaciones de los fiscales, pues no se ha dictado sentencia, pero el papel que juega la confesión en el proceso nos demuestra que un juicio no solo es un protocolo sino también una oportunidad. Es cierto que el Sr. Barata no se encuentra en el Perú y que tampoco es peruano, lo que le ofrece a él cierta independencia y control sobre lo que dice. No obstante, pareciera que su voluntad ha tenido efectos positivos en nuestro país. Así como en Brasil, la justicia peruana reconoció los buenos resultados de la colaboración eficaz y ya hay testigos que se han acogido a ella. De esta manera, entramos a una nueva manera de entender el pasado. La historia no está hecha solamente de grandes hazañas, como a veces nos lo hacen creer, sino del testimonio de individuos que, errados o no, nos ofrecen su versión para mirarse a sí mismos y mirar con nuevos ojos la realidad. La confesión es la historia contada en primera persona. La confesión es ahora ya parte de nuestra tradición. 

Nota al margen. En el 2004, durante el gobierno de Alejandro Toledo, el Congreso de la República publicó la transcripción de los vladivideos en una colección de seis tomos titulada En la sala de la corrupción videos y audios de Vladimiro Montesinos (1998-2000). En este sentido, y con el propósito de acabar con los hábitos de los malos políticos, no estaría mal que el Congreso se anime a publicar la transcripción de los audios y confesiones que hoy han servido para conocer lo sucedido en el Consejo Nacional de la Magistratura y en los contratos con Odebrecht. Y si no este Congreso, al menos el próximo.

 

Lea la columna del autor todos los martes en Rpp.pe

Sobre el autor:

Mario Granda 

Docente del Programa Humanidades de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya

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