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15 noviembre, 2023

[Artículo Ideele] Joseph Dager: De la “granja” de publicaciones, falsos científicos e investigación de verdad

El dominical Punto Final ha “desocultado” una verdad,  que se intuía, pero que no se había probado: en el Perú hay científicos que no lo son, que compran artículos, que publican sin ética alguna.

Esta evidente falta de probidad ha merecido un rechazo unánime e indignado, y, sin duda, no tiene ninguna justificación. Pero, creo que la comunidad académica peruana no debe quedarse sólo en la impugnación a los transgresores. A ellos hay que castigarlos con todo el peso que la normativa permita; pero tal vez valga la pena preguntarnos si, lo que estamos presenciando, no es acaso más una consecuencia de cómo hemos asumido un sistema. Es que no se trata sólo de estafadores individuales (decenas o cientos).

Sucede que, ya en los años 90, Sheila Slaughter y Larry Leslie (1997) llamaban capitalismo académico a la estrategia de las universidades para hacer uso de su mejor activo, el capital humano de sus docentes e investigadores, con el propósito de incrementar sus ingresos. Organizaron así sistemas de comportamientos económicamente motivados, o incentivos, con la finalidad de captar recursos externos. Con el transcurso de los años, los rankings internacionales se fueron consolidando en la academia internacional (y luego también en la nacional), al punto que lograron que las mismas universidades se autoconvencieran que medían calidad académica. Aparecer en ellos se fue convirtiendo en un objetivo prioritario de las gestiones de las altas direcciones de las universidades. Y es que acceder a los “recursos externos”, objetivo del capitalismo académico, pasaba ahora por figurar en los rankings. Para ello tener publicaciones indexadas (especialmente en Scopus y Wos) resultaba esencial.

La lógica del capitalismo académico se agudizó con la supuesta necesidad de estar presente en los rankings internacionales. La combinación, lejos de fomentar la cultura de la investigación, terminó fomentando la cultura del “paper”, que muchas veces tienen más autores que páginas, dando cuenta de un conocimiento de vida efímera o coyuntural. Pero, no olvidemos, la universidad debería fomentar también (y quizás especialmente) la investigación de largo aliento, la que no necesariamente tendrá como fruto una publicación por año. Pero que sí permitirá contribuir -tal vez decididamente- en la formación de una, o más promociones de estudiantes.

El proceso de licenciamiento que se dio en nuestro país, a partir de 2015, evaluó un medio en el que la mayoría de las universidades casi no investigaba. Pero, la ley universitaria establecía que la investigación es una función obligatoria de la universidad, por lo que la SUNEDU pidió que las universidades demuestren publicaciones, pero nunca las restringió a Wos o a Scopus, o a la lógica Elsevier, en dicho proceso.  Y, sin embargo, Sunedu cometió el tremendo error de establecer un ranking unidimensional, sólo publicaciones en indexación Wos.

La lógica del capitalismo académico asoció investigación con publicación por lo que se fue instando al capital humano a publicar antes que a investigar. No es que el Licenciamiento fomentase eso,  Concytec ya venía contribuyendo a ello con sus reglamentos y financiamientos. Para colmo de males, en el último reglamento, a la hora de otorgar puntuación para calificar al investigador, Wos y Scopus, triplican o cuadriplican otras posibilidades de publicaciones. El mensaje que leyeron las universidades, lamentablemente, fue sólo vale Wos y Scopus. Lectura que, ciertamente, se comprende a nivel de gestión, pero que no deja de ser parcial. Tal vez, el mayor problema que ha creado el Concytec es que al asumir la lógica del capitalismo académico, y privilegiar a una empresa comercial como Elsevier, terminó priorizando lo cuantitativo, pretendiendo que se lograse en plazos cortos.

Como un intento de revertir esa situación, el modelo de renovación de licencia de la Sunedu, incluyó una muy valiosa introducción teórica, una primera parte, que aborda con profundidad el concepto universidad donde se explica el modelo de universidad que subyace a la ley universitaria, y el que está detrás de los formatos, indicadores y medios de verificación que se detallan en la segunda parte. No hay universidad sin comunidad académica ni la hay sin investigación, son máximas que allí se señalan. Se menciona publicaciones en Wos y Scopus, pero también Scielo. Y ¿por qué? Justo para no caer en la lógica de Elsevier, porque Scielo tiene una lógica no comercial.  Por cierto, que en dicho modelo se contaban libros y se indicaba la necesidad de valorar también la producción artística.

Pero los últimos reportajes de las “granjas” parecen señalar que las universidades, o al menos algunas, habrían gestionado a su capital humano para conseguir la mayor cantidad de publicaciones pensando en los rankings y en el reglamento del Concytec. Pareciera que se gestionaba para aparecer en los rankings y en el Renacyt, y no por un convencimiento esencial de la importancia de la investigación. Sin quitar responsabilidad a quienes faltaron a la ética más elemental es hora de preguntarnos si acaso no hemos asumido como norte la parte más “fácil”: publicar ¿No hay un problema desde ya en cómo hemos entendido el sistema? ¿Es posible volver transversal la investigación si la principal estrategia son los “incentivos”? ¿No es de manual que éstos pueden volverse perversos? ¿Lo cuantitativo es un indicativo de productividad, de calidad? ¿Cómo mido la trayectoria si solo considero los últimos 3 o 5 años?

Cierto es que hoy ninguna universidad peruana puede gestionar a espaldas de procurar publicaciones indexadas, o de conseguir investigadores en el Renacyt. Pero, son las universidades las que están especialmente llamadas a no confundir los instrumentos con los fines. Porque cuando eso hacemos contribuimos -sin intención- a crear las condiciones para que existan granjas, aunque desde la gestión particular jamás se incentive. El fin último, lo sabemos bien, es entender la investigación como parte esencial de la labor universitaria. El sistema debe organizarse con ese fin y no con el de aparecer en rankings. Fomentemos y financiemos también investigaciones y publicaciones que estén fuera del capitalismo académico y de la lógica Elsevier , pero que se identifiquen con lo que ha sido desde siempre la vida universitaria.  La lógica de los indicadores, muchas veces tan ilógica, no siempre refleja cuán fieles somos a la esencia de una institución.

Y, para terminar, un llamamiento, que ya se ha hecho, pero que me permito reiterar, a las Ciencias Humanas (y Sociales) para reclamar fuertemente al CONCYTEC el trato tan inequitativo que se recibe. Ya en el siglo antepasado W. Dilthey fundamentó nuestras Ciencias como igualmente científicas. No es posible que el sistema de asignación de puntos para calificar investigadores en el RENACYT continúe privilegiando el modelo de las ciencias exactas o naturales. Es inadmisible que la puntuación de un libro sea menor que la de un articulo. Después de ver los riesgos de la lógica comercial, ya no es posible que se privilegie del modo que se privilegia Elsevier, Wos y Scopus frente a Scielo; ni tampoco que no se considere en un país como el Perú a Latindex o a Redalyc, que no tienen una lógica comercial.

Artículo Publicado en Revista Ideele311

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