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16 enero, 2020

[Artículo] César Escajadillo: En busca del conocimiento moral

         

    Además del conocimiento que las personas tienen acerca del mundo y su entorno, existe un tipo de conocimiento cuyo valor destaca por el papel que desempeña en nuestras vidas. Se trata del conocimiento moral: el saber acerca de lo que es éticamente correcto o mejor. Algunos ejemplos de conocimiento moral son la creencia de que no está bien maltratar a los animales, así como tampoco lo es mentir y robar. Desde luego, que exista un conocimiento moral no quiere decir que todas las personas piensen o hagan lo mismo; significa más bien que sobre ciertos asuntos hay, cuando menos, creencias que gozan de respaldo o justificación y cuya verdad no depende de lo que piensa cada individuo, ni siquiera del consenso entre varios individuos.

Una particularidad del conocimiento moral es que en ocasiones puede ser difícil de obtener. Esto ocurre cuando las personas deben tomar decisiones sobre lo que consideran mejor poniendo en la balanza bienes y valores que compiten entre sí, lo que ocurre sin una regla o norma que diga qué opción es preferible.

El filósofo Bernard Williams pone el ejemplo de Paul Gauguin, el pintor francés que dejó todo —incluyendo a su esposa e hijos— para viajar hasta Tahití, lugar donde produjo las obras que lo convierten en uno de los referentes del arte moderno. La decisión de Gauguin de dejar París y su familia para atender el llamado de su vocación parece acertada, e incluso un paradigma de autenticidad, a la luz del valor de su legado artístico. ¿Veríamos su decisión del mismo modo si el resultado hubiese sido distinto (por ejemplo, si Gauguin hubiese descubierto, a su llegada, que no podía pintar)? Williams toma este ejemplo como un caso límite que da cuenta de cómo nuestras opiniones en materia moral dependen a veces de los resultados, incluso de algo tan volátil como la suerte.

Casos como este ponen de relieve un aspecto de nuestras vidas que no es posible soslayar. Vamos por la vida en busca de un conocimiento que nos elude, tomando decisiones sobre lo que es correcto o mejor sin un referente para orientarnos. La situación descrita tiene un aire a paradoja: aspiramos, en nuestras vidas, a alcanzar una forma de saber que no siempre sabemos alcanzar. Algunos interpretan esta dificultad como señal de que el conocimiento moral no es posible, que en cuestiones morales no existe el tipo de objetividad que caracteriza al conocimiento. La posición del escéptico moral nos ayuda a entender por qué los desacuerdos morales son frecuentes y a menudo irresolubles. Otra mirada sobre el asunto diría que el desacuerdo no implica que el conocimiento moral no es posible; la implicancia es que este debe ser evaluado utilizando criterios distintos a los que rigen el caso del conocimiento empírico, como son la sensibilidad, el buen juicio y la imaginación. Dependemos de estas capacidades para acceder al conocimiento que nos permite ser mejores personas.

 

Artículo publicado en Diario Oficial El Peruano el 16/01/2020

Sobre el autor:

César Escajadillo Saldías

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