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31 julio, 2018

[Artículo] Manuel González Prada, las mujeres y la utopía

           Los últimos casos de violencia contra la mujer son una oportunidad para recordar lo que la tradición ilustrada peruana ha dicho sobre este tema en particular. En más de una ocasión nuestros escritores, artistas y políticos se han manifestado en contra de este mal. Es pertinente retomar ahora sus reflexiones, en un momento en que nos preguntamos cómo solucionar un problema como este. Una de estas voces de la tradición es la de Manuel González Prada, de quien en este año se conmemora el centenario de su fallecimiento (1918-2018).

Es ya conocido el interés que el autor de Pájinas Libres profesó por la obra literaria de las mujeres como Madame Ackerman y George Sand, tanto como su admiración por la lucha social realizada por renombradas anarquistas francesas como Louise Michel. Su admiración no estuvo dirigida solo a las obras de estas mujeres, sino también al carácter que tuvieron para enfrentar muchas adversidades: “Por la serenidad ante el peligro y la muerte, Luisa Michel nos recuerda a las mujeres romanas nacidas en el seno de las familias estoicas; por esa misma serenidad y el menosprecio de todos los bienes, sin excluir la propia dicha ni la salud, nos hace pensar en las mujeres de los primeros siglos cristianos”, dice González Prada en su libro Anarquía. Por otro lado, también es conocida la acogida que tuvo su pensamiento en la obra de escritoras peruanas de finales del siglo XIX y comienzos del XX como Clorinda Matto de Turner y Mercedes Cabello de Carbonera. Las novelas y ensayos escritos por estas mujeres se dedicaron, en gran parte, a describir y denunciar los abusos del clero, las injusticias de las autoridades civiles y la marginación de la población indígena, tal como el escritor lo había hecho en su célebre ensayo “Nuestros indios” (1904).

Este interés de González Prada por las mujeres no solo nació de su pensamiento positivista y de las ideas anarquistas que provenían de Europa sino del conocimiento y experiencia que él mismo tuvo sobre la situación de la mujer en el Perú. Por un lado, su crítica estuvo dirigida a la influencia de la Iglesia católica en el hogar, que en esos años aún colaboraba con fomentar la sumisión y la obediencia de las esposas y los hijos a la voz del padre, autoridad indiscutible del hogar. A este escenario también se sumaba un Código Civil de la más sana ortodoxia que obligaba a la mujer a “habitar con el marido y a seguirle por donde él tenga por conveniente residir” y a no presentarse en juicio “sin autorización del marido” (González Prada cita estos artículos en su ensayo “Esclavas de la Iglesia” [1904]). Un ambiente así no hace sino envilecer a la mujer y, en consecuencia, el matrimonio. La desigualdad de condiciones entre el hombre y la mujer en el seno de la familia no hará sino agrandar el peligro en que se encuentra esta última.

 

Lea el artículo completo en la revista Ideele N° 281

 

Sobre el autor:

Mario Granda 

Docente del Programa Humanidades de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya

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